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«Eleno o Elena de Céspedes: un transexual en la España de Felipe II», Ignacio Ruiz #frentealespejo

Nacido en 1545 en un cuerpo de mujer en Alhama de Granada, en la actual provincia de Granada, esclava, en casa de Benito de Medina, su padre biológico a la vez que amo. Cuando contaba unos ocho años de edad, le fue otorgada la libertad a la par que se le imponía de nombre el de Elena de Céspedes, en homenaje a la difunta esposa de su progenitor y hasta entonces amo. A los 15 ó 16 años se casó con Cristóbal Lombardo, albañil, vecino de Jaén, del cual tuvo un hijo que entregaría a unos vecinos de Sevilla, del que nunca más volvería a tener noticia alguna.

A partir de ese momento, deambularía por múltiples localidades andaluzas, ejerciendo el oficio de sastre y calcetero, tales como Jerez de la Frontera, Granada, Marchena o Arcos de la Frontera, desde donde se enrolaría en las tropas que el duque de la localidad ofreció a Felipe II para apaciguar el levantamiento morisco en las Alpujarras. Fue en aquel momento cuando comenzó a usar el genérico “Céspedes”, para luego hacerse llamar Eleno de Céspedes.

Pronto se trasladaría a Madrid, en donde Felipe II había decidido instalar la Corte de la Monarquía Hispánica, en donde hizo amistad con un cirujano de origen valenciano, el cual le invitó por huésped en su casa, a la par que le daba lecciones de cirugía. Pronto Eleno vino a convertirse en un excelente profesional, desempeñando su nuevo oficio en el hospital de la Corte durante unos tres años, desde donde pasaría a ejercer su oficio por la Sierra de Madrid. Siendo acusado de ejercer el oficio sin título alguno, regreso a Madrid, en donde se examinó y obtuvo dos títulos: para poder sangrar y purgar, y para cirugía.

«Tras haber tenido acceso carnal a múltiples mujeres, casadas y solteras, conoció a la que habría de ser su esposa»

Tras haber tenido acceso carnal a múltiples mujeres a lo largo de su vida, desde casadas hasta solteras, fue estando en los alrededores de Madrid cuando conoció a la que habría de ser su esposa, María del Caño. La idea que expresó Céspedes en más de una ocasión fue la de apartarse de una pretérita vida licenciosa, buscando ahora el recogimiento del matrimonio. De este modo, el enlace vino a celebrarse en la localidad de Yepes, en 1585, a pesar de que para ello tuviese que emplear las técnicas más ingeniosas a la hora de superar las amonestaciones, ordenadas por el párroco del lugar debido a su tez carente de barbas, puesto que de lo contrario no podría celebrarse un matrimonio cuya finalidad no era otra que la procreación, al ser acusado de “lampiño o capón“.

Todo parecía ir bien, hasta que el matrimonio fue descubierto en la manchega localidad de Ocaña, por algunos que le habían conocido en la Guerra de las Alpujarras, los cuales le acusaron ante las autoridades del lugar, no tardando en ser apresados y encerrados en la cárcel.

Desde allí, Eleno de Céspedes sería trasladado a la cárcel inquisitorial de Toledo, en donde sería objeto de un dilatado proceso que se proyectaría entre los años 1587 a 1589, en donde, en un claro intento de defenderse, alegó y mantuvo a lo largo del mismo que en realidad era hermafrodita, a pesar de que en ningún momento pudo probarlo.

Tampoco pudo probar que en algún momento hubiera tenido otros órganos genitales distintos a los que tuvo al nacer, los femeninos.

«Como defensa, alegó y mantuvo que en realidad era hermafrodita, a pesar de que en ningún momento pudo probarlo»

Finalmente, en el año 1589 el tribunal inquisitorial de Toledo le condenaba a recibir 200 azotes, cien en las calles públicas de Ciempozuelos y otros tantos en la plaza de Zocodóver de Toledo. Además, debería servir sin sueldo en un hospital por un periodo de diez años. El lugar elegido en primera instancia fue el Hospital Real de Toledo, aunque pronto el director de aquella institución tuvo que solicitar a la Inquisición su traslado, puesto que la fama que había adquirido Céspedes era tan grande que muchos acudían al lugar, simplemente, movidos por la curiosidad. De este modo, no tardó en ser trasladado al hospital de El Puente del Arzobispo, desde donde se le perdería la pista.

Resulta curioso indicar que Eleno de Céspedes vino a convertirse en un personaje cervantino, al ser incluido por el inmortal autor en su obra Los trabajos de Persiles y Sigismunda, en donde encarnaría a la bruja Cenotia.


Fuentes y bibliografía:

  • Archivo Histórico Nacional, Inquisición, Leg. 234, n. 24.
  • Ruiz Rodríguez, I.; Hernández Delgado, A., Elena o Eleno de Céspedes. Un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II, Madrid, Dykinson, 2017.

Ignacio Ruiz Rodríguez es Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones en la Universidad Rey Juan Carlos.

El libro Elena o Eleno de Céspedes. Un hombre atrapado en el cuerpo de una mujer, en la España de Felipe II puede adquirirse en la librería Dykinson.