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«El fracaso es la oportunidad de intentarlo con más ahínco», Cristina Ortiz #frentealespejo

«Mamá: méteme en la lavadora e inyéctame la cena en vena», le dije una vez a mi madre al llegar a casa, después de un entrenamiento. Y recuerdo que ella me sonrió, porque a mi vez yo se lo decía alegre y divertida. Pero estaba exhausta.

Entrenar al límite significaba dolor, sufrimiento y agotamiento. Y sin embargo, ahí se concentraba una de las mayores sensaciones de felicidad que he experimentado en la vida. Si alguna vez has hecho deporte de alta competición seguro que entenderás de qué hablo.

Dediqué 15 años de mi vida al deporte de competición. Y durante al menos cinco de ellos estuve reconocida como deportista de élite gracias a los diferentes éxitos en mi carrera.

Pero todo esto se queda en nada cuando abandonas ese mundo y te enfrentas al que te estaba aguardando; al real. En este, las metas son otras, el esfuerzo es distinto, y desde luego las recompensas dudosamente se acercan a las que alguna vez tuviste, deportivamente hablando.

«Dejas la alta competición y te enfrentas al mundo real, con sus propias metas»

¿Qué queda entonces? A decir verdad, nada. Te pasas el resto de tu vida echando de menos aquel tiempo: los duros entrenamientos, los viajes interminables, las noches de nervios en el hotel, la adrenalina de las competiciones en sí, el ansiado podio…

Toca superar esta depresión de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y para ello, a veces pienso en cómo sería mi vida ahora, si mi pasado no hubiese sido el que fue. Entonces sonrío, como le sonreí a mi madre aquel día que quería que me asease y me alimentase sin tener que mover yo uno solo de mis machacados músculos.

Me caracterizan la paciencia –me consta que las cosas se consiguen poco a poco–, la persistencia –si me propongo algo, lo cumplo; por lo general, con éxito–, el sacrifico y el dar más de mí misma. Pese a que el cuerpo me sugiera que –aparentemente– ya no puede, mi cabeza nunca se rinde.

Para mí, el fracaso es sólo la oportunidad de volver a intentarlo con más ahínco. Y la frustración la tolero con sana competitividad, tranquilamente. En situaciones de máxima presión, aguanto el tipo con entereza acérrima y envidiable, según me han dicho en no pocas ocasiones los más próximos.

Y desde luego, todo esto es fruto de mi pasado como deportista. Porque el deporte no solo esculpe el cuerpo, sino que también moldea la mente. Crea unas aptitudes que te preparan para afrontar cualquier situación de la vida.

¿Exagero? Si eres deportista estarás conmigo. De lo contrario… es algo que te estás perdiendo.


Cristina Ortiz Arcos (www.dobleempuje.com) ha sido 15 veces campeona de España y subcampeona de Europa de patinaje de velocidad.