Por la canción del verano que suena en tu coche se te conocerá…

blog cassette

Llevamos celebrando en lo que va de año varias efemérides de coches SEAT: que si los 33 años del primer Ibiza que se acabó de atornillar un 27 de abril en la fábrica de Martorell, que si los 60 años del primer 600 que salía por el portón de la cadena de montaje en la Zona Franca de Barcelona un 27 de junio… Aquellos “bugas” cambiaron los hábitos vacacionales de dos generaciones de la raza íbera. 

Con los “pelotillas”, España no tardó en empezar a movilizar a toda la parentela, desde la suegra a los churumbeles, y entrar en la era del globero dominguero a paso de procesión. Encajados en esos duros asientos de skay sin cinturón de seguridad ni airbags, de un sitio para otro, fuese a la arboleda de las afueras o por las sinuosas carreteras de costa. La única protección efectiva era la medallita de San Cristóbal pegado en el salpicadero entre las fotos familiares y el rosario colgado del espejo retrovisor.

El coche era el estímulo aspiracional de miles y miles de familias españolas, aquellos utilitarios con apelativos cariñosos como “cuatro latas”, “dos caballos”, “forfi”, “mini”, “escarabajo”, “tiburón”, “dogedar”, “bocanegra”, “bulli”… que cuando llegaban al pueblo levantando polvo y pisando cacas de vaca significaba que las cosas iban fetén en la capital. Y es que gracias al seiscientos el sueño de tener y conducir tu propio coche ya no parecía un imposible. Se puede pensar que eran una ganga, apenas 390 euros al cambio de hoy, pero esas 65.000 pesetas había que sudarlas para poder hacer frente a las interminables letras mensuales.

Veinte años después, los churumbeles han crecido y les han salido flequillos imposibles o cardados exuberantes, con chapitas en el pecho y unas horrorosas hombreras en las blusas, y les ha llegado el turno de estrenar “carro” inaugurando la temporada del apartamento de playa en Torrevieja. Las carreteras sinuosas de doble sentido se han hecho autovías de dos carriles, los camiones se adelantan con la gorra y el viaje se ha reducido medio día, eso sí a costa de perderse la parada obligada en Mota del Cuervo a atizarse unas chuletillas de cordero a la brasa en Casa Pepe de obligada siesta a la sombra del chamizo.

Eso sí, el radiocassette no paraba de escupir canciones de “la movida”, cuidadosamente elegidas y grabadas en esas cajitas con cintas “de cachitos de cromo y hierro”, miles de veces enganchadas, y mies de veces empalmadas con supergén, mientras el aire entraba por la ventanilla contraria a la que llevaba la toalla pillada haciendo de parasol, porque eso del climatizador estaba tan lejos como hoy lo del coche autoconducido.

blog wash-a-car

Y digo, ¿se puede uno enamora de su coche? Cosas más raras se han visto como la que se ha casado con la estatua de la Libertad de Nueva York o con la torre Eiffel de París. Qué tontería, dirás… pues ándate con ojo, y pasa este breve test a ver si te reconoces… no vaya a ser que tu dependencia sobre ese “hijo tonto” no sea mayor de la que te crees.

¿Te reconoces?

Mientras silbas la melodía, hazte un breve test mental para identificar si tu caso es uno más rollete veraniego, breve brote que se cura con la rutina, o por el contrario, un caso agudo de enamoramiento que va a durar el resto de tu vida.

  • A ella le gusta la gasolina (dame más gasolina)”. Todo el tiempo que no te tiras delante del espejo te lo pasas en el garaje puliendo la carrocería con la gamuza y las ceras reparadoras: dos minutos para tu pelo, cuatro horas para maquear el coche de arriba abajo. No has pasado la aspiradora en tu vida por la alfombra del salón, pero eres caz de desmontar un asiento y retirar el panel de una puerta para eliminar la mota de polvo más remota.
  • “Yo para ser feliz quiero un camión”. Para ti un buen plan familiar para el fin de semana es ir al centro comercial, tu mujer y con los niños al tíovivo a dar vueltas y tú al concesionario a montarte en todos los coches a tocar todos los botones del salpicadero y a ver qué se siente sobre ese asiento.
  • Dile a papá que me voy de la ciudad. Hoy toca cena en casa del cuñado y hay que llevar a la suegra. Sin problema, llegas y aparcas en seguida casi en la puerta misma. Pero te pasas toda la velada asomado a la ventana, no te fías de esos andurriales ni de sus vecinos. Bajarías incluso a cambiar de sitio el coche para dejarlo debajo de la única farola que alumbra.
  • Precaución, amigo conductor”. Tus momentos más intensos y los más apurados los has pasado dentro de tu coche, para bien o para mal. Allí le robaste algo más que un beso a tu entonces novia, y en él la llevaste con el pañuelo asomado a la ventanilla y dando bocinazos camino de la maternidad y subiéndote a las aceras.
  • Vamos de paseo, pi pi pi”. Cuando se trata de ordenar tu despacho la anarquía parece la regla, pero cuando se trata de montar en tu coche… las reglas las pones tú: Prohibido comer y fumar dentro. Prohibido peinarse y pintarse las uñas. Prohibido criticar la edad o el kilometraje del vehículo. Prohibido cambiar la sintonía de la radio. Prohibido subir con los zapatos embarrados. ¿Has pisado una caca de perro? Pues te vuelves andando, chato.
  • Quiero una motocicleta, que me sirva para correr”. En casa eres el hombre tranquilo, los chorreos de tu parienta te resbalan que han dejado surco en tu rostro. Pero cuando estás al volante, hay cuando estás al volante, el diccionario cheli de Ramoncín, Umbral y Cela se quedan cortos para expresar todos los insultos e improperios que tu boca es capaz de escupir y vociferar.
  • En un Mercedes blanco llegó”. Si Michael Knight llama minino a su coche (“Kitt, ven aquí”), por qué no ibas a ponerle tú nombre al tuyo. Eso sí, un nombre cariñoso para que sepa quién es el amo y te reciba con los warning parpadeando cuando aún estas a ocho metros de él.
  • Y yo aquí borracho en el Cadillac”. Y si en el barrio no ha quedado claro de quién es tu coche, ya te encaras de reforzarlo en las redes sociales. Facebook, Instagram, Youtube… cientos de registros etiquetados como “mi carro”, “mi buga”, “mi pepino”. Sí, es normal que tu chica se sienta un poco celosa y muy frustrada.
  • Qué difícil es hacer el amor, en un Simca 1000”. Te encanta ahuecarte en los semáforos y expeler los vientos salvajes, hacer pelotillas con el producto interior bruto de tu nariz o eyacular sin control sobre la tapicería. Pero si hay que bajar a la playa, no será en tu coche, que se llena de arena y sal. Por no mencionar el dineral que te dejas en ambientadores fétidos.
  • Por la raja de tu falda yo tuve un piñazo con un Seat Panda”. No has abierto un libro en tu vida que tuviera más de cien páginas, pero el manual de mantenimiento del coche siempre está en tu mesilla y no deja de acompañarte cada vez que te encierra en el excusado. ¡Te lo has leído hasta en holandés!
  • Tengo un tractor amarillo”. Tu coche tiene matrícula del siglo pasado, pero no le falta ningún extra que se recargue a través de un USB. Si Google quisiera contarte, te sorprendería todo lo que sabe de ti y tus escapadas secretas…
  • Mi carro me lo robaron”. Vives en una serendipia continua con tu coche, todo te evoca a él. No importa donde estés, un color, una matrícula, un anuncio en la radio, un coche gemelo aparcado… todo te recuerda a él, pobrecito, camino del desguace.