Cómo tener tu negocio siempre en orden y al corriente de pagos

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Una cosa es emitir facturas y firmar albaranes, y otra recibir el ingreso en cuenta. Una cosa es afrontar los pagos a proveedores, y otra hacerlos realidad en el momento más conveniente. Hay que jugar con los distintos plazos de cobro y pago, si tenemos o no suficiente capacidad de pago en cada momento; en definitiva, si tenemos suficiente liquidez o saber si es algo puntual causado por pagos retrasados o cobros pendientes que se saldarán en un plazo más o menos inmediato.  

Es viernes último de mes y el pago que esperabas a 120 días no ha sido ingresado aún, y no tienes fondos para pagar las nóminas. Procrastineas, esperando que llegue el lunes, pero tampoco da señales, llamas hecho un energúmeno y te dan dos pases de verónica que te dejan en el sitio. Por la oficina no te atreves a asomar la nariz, pero ya se te han quejado un par de empleados, así que tiras de sonrisa forzada y dices que antes del día cinco darán la orden en tu banco… que te costará un buen pico.

Esta penúltima decisión que se suele tomar –tarde y mal– es la típica huida hacia delante: si nos ha pasado más veces, es que tenemos un problema de liquidez, es decir, tenemos un agujero por el que se nos está escapando un dinero que nos sale más caro conseguir. Tanto aquilatar márgenes, tanto ahorrar en el chocolate del loro, y luego cada dos por tres vuelve a pasar lo mismo. ¿Qué ha cambiado?

Es curioso que la mayoría de los problemas de falta de liquidez no suelen ser puntuales, sino que el problema viene de lejos y se repite tenazmente. Lo que pasa es antaño, cuando te veías en el apuro porque se pasaba el plazo del pago de impuestos, era muy fácil recurrir al banco, tirar de línea de crédito, descontar alguna letra o presentar la nave como aval; aunque fuera solo arreglar un roto con un descosido. Hoy ya ningún banco quiere quedarse con un local que no se va a alquilar en meses, una factura de una empresa a punto de entrar en suspensión de pagos, o abrir una línea de crédito de cinco ceros.

El cuento ha cambiado mucho, pese a que hoy el dinero valga menos que nunca o tenga hasta tasa negativa, porque lo que más importa son las garantías. Pero no siempre hace falta dinero para pagar deudas y seguir funcionando, a veces es la oportunidad la que salta delante nuestro y hay que moverse rápido, pero si no se dispone de pulmón financiero, puede que no se vuelva a repetir la ocasión nunca más y se pierda ese negocio por no poder financiar el flete de un contenedor o depositar la fianza para participar en un concurso público.

Instrumentos de financiación

Los bancos ya no están solos en este negocio. De un tiempo a esta parte, han ido aterrizando en España nuevas opciones de financiación alternativas a la banca tradicional que conceden créditos instantáneos. Plataformas fintech que tienen su base en Internet, algunas realmente con modelos innovadores de préstamos P2P de crowdlending y economía social, que ejercen una sana presión competidora, si bien su fuerte está en la financiación de particulares y menos en la de empresa.

Las entidades financieras todavía tienen parte del negocio tradicional, con productos especializados como el factoring, el anticipo de facturas y el descuento de pagarés, y mejores condiciones en la concesión de préstamos y créditos con la presentación de avales que las que te da un prestamista particular por tu coche o por tu licencia de taxi. Quizás pequen aún en papeleo y tiempos para tomar una decisión, departamento jurídico y de estudios para arriba y para abajo. Pero es que no se está hablando de un minicrédito concedido por teléfono para arreglarse la dentadura.

Algunos se han acostumbrado malamente a unos años de abundancia, donde la cartera de pedidos daba para elegir y discriminar clientes, y en lugar de tener que pedir financiación nos la ofrecían. Ya no se escuchan esos cantos de sirena, pero si el problema de liquidez ha anidado en tu empresa y se ha hecho crónico, ¿lo tienes localizado? Mientras no asumamos que hay algo que estamos haciendo mal, la situación se irá repitiendo y costándonos dinero, o lo que es peor, llegará el día que empecemos a no poder hacer frente a nuestras obligaciones, cayendo en una espiral de descrédito, denuncias y mala reputación.

Es el momento de saber controlar nuestro negocio desde el punto de vista más “profesional” y tener unos indicadores que nos permita tener una visión dominante. Y no hace falta irse a soluciones caras de ingeniería financiera. Hay disponibles en la web calendarios fiscales para pymes y autónomos, intuitivos y fáciles de configurar para estar al día de los principales pagos tributarios (IVA, IGIC, Sociedades, IRPF, Aduanas, Seguros Sociales…) y sus plazos límite, al que se puede añadir otras partidas básicas como nóminas o cuotas aplazadas.

Un dashboard que permita de un vistazo información diaria y poder movernos por las hojas del calendario para poder maniobrar con antelación a las necesidades y poder negociar mejores rates. Porque en la gran mayoría de los casos, los problemas de liquidez aparecen por no tener en cuenta la fecha valor, que es la que marca la disponibilidad real. ¡Conocer el origen de la situación permite actuar a tiempo!


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