«Comunicar está bien, pero conectar, a través de las emociones, es otro nivel», Noemí Boza #frentealespejo

Noemí Boza #frentealespejo

La comunicación ha sido, a lo largo de la historia, una herramienta clave para la evolución de la humanidad. Ahora se dice que la comunicación es el lenguaje del liderazgo. Ya 500 años antes de Cristo, Pericles, el gran líder de la democracia en Atenas, fue denominado el Olímpico por sus dotes como orador.

No en vano, de él es la célebre frase: «El que sabe pensar pero no sabe expresar lo que piensa está al mismo nivel que el que no sabe pensar».

Llegamos después a la era cristiana, en la que Jesucristo sería un gran y atractivo comunicador. Dicen los evangelios: «La gran multitud lo escuchaba con agrado». Mucho después llegaron los grandes inventos que revolucionaron la vida de las personas y su forma de comunicarse: la imprenta, el telégrafo, el teléfono… Y así es como nos situamos en el siglo XX, el del management, y no se nos ocurre otra cosa que calificar la comunicación como una habilidad blanda, una soft skill.

«A través de la comunicación, logramos nuestros retos y conectamos con los demás. Eso es precisamente el liderazgo, lograr objetivos».

Confieso que, a pesar de llevar más de 25 años dedicada a este apasionante mundo de la comunicación, nunca me gustó el término para una habilidad que mueve el mundo, que es capaz de transformar nuestra realidad. A través de la comunicación, logramos nuestros retos y conectamos con los demás. Eso es precisamente el liderazgo: lograr objetivos. Y cuando lo conseguimos es a través de la conexión y la emoción que hemos sido capaces de generar en los demás.

En lugar de denominarla soft skill, me gusta pensar que la comunicación es como un bombón. Al bombón, con su exquisita cobertura le exigimos que el relleno no nos defraude. El relleno es nuestra autenticidad. De modo que hablar en público está bien, es recomendable, puede ser una irresistible cobertura, pero la clave está en que nuestro interior también resulte delicioso. Para mí, lo esencial en el líder es esa genuina búsqueda de una conexión emocional que es la que le permite impactar e influir en los demás.

La comunicación tiene beneficios muy similares a los de un bombón. Al consumir chocolate, especialmente el de mayor porcentaje de cacao, nuestro cerebro genera dopamina, el neurotransmisor responsable de la seducción, la motivación y el placer. Con nuestra comunicación somos capaces de persuadir con nuestro producto o servicio, de motivar a los equipos y de hacer sentir el placer de trabajar en algo que nos gusta. La Comunicación tiene tantos beneficios en nuestras trayectorias profesionales como un delicioso bombón.

«Para mí, lo esencial en el líder es esa genuina búsqueda de una conexión emocional que es la que le permite impactar e influir en los demás».

El buen líder sabe que la comunicación más valiosa es la que conecta y solo somos capaces de conectar cuando comunicamos desde nuestro interior, ese relleno de autenticidad.

Me pregunto entonces, ¿por qué lo llaman liderazgo cuando quieren decir comunicación? Sin pretensión alguna de equiparar liderazgo al amor y comunicación al sexo. Aunque, sea como sea, la comunicación enriquece nuestra experiencia vital y nuestras relaciones personales.

La comunicación que conecta dispara nuestra empleabilidad, nos conduce a la consecución de objetivos y nos regala una vida mejor. ¿A qué esperas para conocer el decálogo de la comunicación que conecta? Lo encontrarás en uno de los capítulos de mi primer libro. Espero que te sirva.


Noemí Boza es comunicadora y empresaria especializada en eventos profesionales, y autora de Por qué lo llaman liderazgo cuando quieren decir comunicación, de LID Editorial.