«Facturas impagadas, un riesgo para los negocios», Luis Fernández de la Regata #frentealespejo

Luis Fernández de la Regata #frentealespejo

En España se paga tarde y mal. Con una de las tasas de morosidad más altas de Europa, dos tercios de las facturas emitidas se pagan con retraso, y muchas de ellas no llegan a abonarse nunca. Según el estudio Comportamiento de pago de las empresas españolas de Informa, el retraso medio supera las dos semanas, y este tiempo aumenta cada trimestre, algo que también afecta a los pagos atribuidos a empresas, lo que significa que otras compañías o sus trabajadores se quedarían sin cobrarlos.

El coste económico total de las facturas impagadas puede ascender en Europa a los 3.000 millones de euros. Si eso es lo que supone para las arcas de la UE, imaginemos lo que puede hacer al bolsillo de un individuo cuyo sustento depende, precisamente, de estas facturas.

La Ley de Morosidad y otras normativas europeas tratan situaciones de este tipo, sin embargo, la falta de unidad en el proceso de sanciones y multas y, en el caso de España, una normalización cultural de este retraso de los pagos (que no siempre se persiguen por temor a perder el cliente a largo plazo o a los farragosos y lentos procesos administrativos de reclamación) siguen siendo un lastre para la resolución de este problema que afecta la economía.

Por sectores, el de la construcción encabeza la lista, siendo el que más incidencia de impagos acumula debido a la complejidad de los proyectos o su dependencia de financiación externa. Le siguen el del comercio y distribución, y el de hostelería y turismo, donde son los pequeños proveedores o los trabajadores por cuenta propia quienes más sufren la morosidad.

«El de la construcción es el sector que más incidencia de impagos acumula, debido a la complejidad de los proyectos o su dependencia de financiación externa».

Y, por supuesto, los servicios profesionales como consultoras, agencias creativas y freelancers de todos los sectores, quienes ven cómo sus facturas muchas veces no se priorizan, sobre todo cuando no están ligadas a un bien tangible o urgente, sino a un servicio que lo que supone es tiempo de ese profesional.

Así, los autónomos, que representan el 16% de la fuerza laboral española, se ven enormemente afectados por esta práctica, fundamentalmente por dos grandes problemas: los pagadores reticentes y los fallos burocráticos o de los sistemas de pago (como una fecha de expiración de la tarjeta o un error manual al introducir los datos de la misma).

Y esto es un problema sobre todo porque en este grupo de profesionales, así como en las micropymes, ya se trabaja con unos márgenes muy ajustados, por lo que un solo cliente que no paga puede llegar a suponer la bancarrota en el peor de los casos.

Una manera de ayudarles a evitar estos pagos tardíos o fallidos es usar la tecnología. Así, los pagos automatizados o los gestionados directamente a través del banco cuando vence la factura con el permiso correspondiente ‒lo que conocemos como domiciliación‒ son una opción.

«Los pagos automatizados o los gestionados directamente a través del banco cuando vence la factura con el permiso correspondiente –lo que conocemos como domiciliación– son una forme de evitar pagos tardíos o fallidos».

Esto libera al pagador de responsabilidad mientras que el receptor no tiene que preocuparse de reclamar o perseguir esas facturas y, por tanto, puede usar ese tiempo para convertirlo en horas productivas. Al alejarse de los pagos a través de tarjeta, los autónomos pueden además evitar esos motivos de error innecesarios, sin olvidar el ahorro que les supone el alto coste de las tarjetas.

Porque como decimos, estos impagos o retrasos en el cobro de las facturas afectan directamente a la liquidez de las empresas y, cómo no, a los autónomos. Con el agravante de que cualquier trabajador es un consumidor también, por lo que reducir su liquidez puede afectar a la economía general. Para fortalecer el tejido empresarial y fomentar una economía más justa, es imprescindible que se prioricen los pagos en tiempo y forma, se vigile el cumplimiento normativo y se dé apoyo a las empresas (o trabajadores) más vulnerables ante esta amenaza silenciosa.


Luis Fernández de la Regata Lestrade es country manager de GoCardless en España.