Desde mis primeros pasos en el arte, la figura humana ha sido una constante en mi obra. Recuerdo con especial cariño aquellas sesiones de dibujo al natural en el Círculo de Bellas Artes, donde cada trazo capturaba la esencia de la vida.
Observaba cómo la luz acariciaba el cuerpo, cómo los gestos contaban historias sin palabras, cómo un simple movimiento de la mano podía dotar de alma a una línea. Algunas de esas creaciones, nacidas de momentos de profunda conexión, forman parte de esta exposición.
La colección que presento en Alcalá de Henares es un viaje a través de diversas técnicas: dibujos, grabados, pinturas y esculturas en madera, metal y piedra. Cada pieza refleja no solo una búsqueda estética, sino también una adaptación a los recursos disponibles, especialmente en tiempos donde la economía aprieta y el ingenio se convierte en nuestro mayor aliado.
Es en estos momentos cuando retorno a lo esencial: el yunque, el martillo, la soldadura. El taller se transforma en un santuario donde, con la paciencia del artesano, doy vida a obras que esperan resonar en el alma del espectador.
Crear es, en cierto modo, volver a empezar. No hay dos piezas iguales, porque no hay dos instantes idénticos en la vida de un artista. En este proceso de constante transformación, a veces me detengo a pensar en cuánto debemos a las mujeres que han inspirado el arte a lo largo de la historia. Madres, hermanas, hijas, maestras, musas… ¿Cuántas creaciones no existirían sin ellas? ¿Cuántas historias han sido contadas, pero también cuántas han sido silenciadas?
«Madres, hermanas, hijas, maestras, musas… ¿Cuántas creaciones no existirían sin ellas? ¿Cuántas historias han sido contadas, pero también cuántas han sido silenciadas?».
Esta muestra es mi homenaje a la mujer en todas sus facetas y culturas. En un mundo donde, lamentablemente, persisten noticias de violencia y discriminación hacia ellas, siento la necesidad de alzar mi voz a través del arte. Con mis creaciones, expreso una firme repulsa hacia cualquier forma de maltrato y una invitación a la reflexión.
Desde mi posición, no puedo cambiar el mundo, pero sí puedo aportar mi granito de arena para generar conversación, para recordar que la lucha por la igualdad sigue siendo necesaria, para invitar a quien observe mis piezas a detenerse un segundo y pensar.
La exposición Mujeres Científicas: Pasado, Presente y Futuro, en la que tengo el honor de participar, busca precisamente eso: reconocer y celebrar las contribuciones de mujeres que, a lo largo de la historia, han sido faros de conocimiento y progreso. A través de 25 paneles, rendimos tributo a científicas e inventoras de todo el mundo, inspirando a las nuevas generaciones a explorar el vasto universo de las ciencias.
De alguna manera, mi obra dialoga con ellas, con su legado, con su valentía. Me emociona pensar que, del mismo modo en que ellas desafiaron los límites impuestos, mi trabajo pueda servir como testimonio de resistencia y creatividad.
«Desde mi posición, no puedo cambiar el mundo, pero sí aportar mi granito de arena para generar conversación, para recordar que la lucha por la igualdad sigue siendo necesaria».
Es curioso cómo el arte y la ciencia, que a veces se ven como disciplinas opuestas, en realidad comparten un mismo impulso: el de la exploración, el de la búsqueda de respuestas, el de la necesidad de comprender el mundo desde la intuición y la razón.
Ambas disciplinas han sido moldeadas por mujeres excepcionales, aunque durante siglos sus nombres hayan sido menos visibles. Por eso, esta exposición no es solo un reconocimiento, sino también una reivindicación.
Creo firmemente que, al entender que mujeres y hombres somos iguales, podremos abrazar nuestras diferencias y avanzar hacia un futuro donde la violencia sea reemplazada por el entendimiento y el amor.
Mi arte es una humilde contribución a este anhelo compartido.
Mariano Cobo Fábrega es escultor, y participa en la exposición Mujeres Científicas: Pasado, Presente y Futuro.

