La primera vez que escuché esta palabra fue en mi primer viaje a Okinawa (Japón). En el año 2000, mi familia y yo viajamos al País del Sol Naciente con el fin de entrenar con diferentes maestros de karate.
Pues bien, uno de esos maestros, después de las presentaciones, me hizo algunas preguntas. Del tipo «¿Por qué quieres entrenar en Okinawa?», «¿Desde cuándo practicas el karate?», etcétera. Pero una de esas preguntas fue «¿Cuál es tu ikigai?». No sabía a que se refería. Él ya había observado mi cara de estupor, de que no entendía nada. Y entonces me dijo: «¿Cuál es tu razón de vivir?, ¿cuál es tu cometido en la vida?».
Voy a obviar la larga conversación con el sensei (maestro), que tuvimos acerca del ikigai. Prefiero tratar de explicaros lo que es, o al menos lo que significa para mí.
Ikigai es una palabra japonesa que está compuesta por dos términos. Una parte Iki (生き), se refiere a la vida; y otra Gai/Kai (甲斐), que es la realización de lo que uno espera y desea.
«Ikigai es una filosofía nipona que significa “la razón de vivir” o “la razón de ser”»
Por lo tanto, podemos decir que ikigai es una filosofía nipona que significa “la razón de vivir” o “la razón de ser”. Todo el mundo, de acuerdo con la cultura japonesa, tiene un ikigai. Encontrarlo requiere de una búsqueda en uno mismo, profunda y a menudo prolongada. Esta búsqueda es considerada de mucha importancia, ya que se cree que el descubrimiento del propio ikigai trae satisfacción y una razón de vivir, un sentido de vida.
Según la gente de Okinawa –y recordar que esta isla japonesa es la que mayor índice de personas centenarias tiene de todo el mundo, por algo será–, el ikigai es el motivo por el que nos levantamos cada mañana.
En mi caso, después de una búsqueda en pos de darle un sentido a todo lo que hacía en mi vida. Y después de estar trabajando desde los 14 años, de haber llegado a dirigir varios centros deportivos, y desempeñado el cargo de director general de una de las mayores cadenas de gimnasios de este país, decidí dejar todo y tomarme un tiempo sabático. Solo para poder reflexionar y responderme cuál era mi ikigai.
«Animo a tod@s a que busquen su ikigai; a que sean emprendedor@s, y no tengan miedo de equivocarse»
En esa reflexión –no exenta, ni mucho menos, de mucha meditación zen– pude descubrir que lo que ya estaba haciendo desde hacía años, el karate, la medicina tradicional china (MTC)… era mi ikigai. Y que jamás, haciendo estas dos antiguas artes orientales, me había sorprendido a mí mismo pensando o diciendo “estoy cansado o estoy harto”, “mi tiempo aquí se acaba”, “me aburro”, etcétera…
Después de 44 años practicando karate, cuatro décadas enseñándolo y 30 años más de práctica de MTC, con mi propio centro de acupuntura, puedo decir sin temor a equivocarme, que en mi caso encontré mi ikigai. Que lo tenía delante y no lo veía, o no lo quería ver.
Por eso, animo a tod@s a que busquen su ikigai, a que sean emprendedor@s, a que no teman, no tengan miedo de equivocarse. Perseverad, tened paciencia y encontraréis vuestra pasión, vuestra razón de vivir y de ser, vuestra vocación. «La felicidad», como dejó escrito Gandhi, «se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace, están en armonía».
¿Estáis dispuestos a buscar vuestro ikigai?
Luis Alberto García es profesor de karate y director del Centro Acupuntura Torrejón, acreditado por la Fundación Europea de Medicina Tradicional China.

