«Nuestras pautas culturales luchan por sobrevivir a la Covid-19», Verónica Figueroa #frentealespejo

Verónica Figueroa #frentealespejo

Antes de escribir esta tribuna pregunté a varios amigos y colegas en qué pensaban al escuchar las palabras ‘Covid-19’ y ‘cultura’. A la mayoría, entre los que me incluyo, les inspiran cierre de museos, centros cívicos, teatros y salas de cine; cancelación de festivales y conciertos; aumento del número de artistas y de trabajadores de la industria cultural que han perdido sus empleos; y crecimiento exponencial de los eventos culturales en las redes sociales.

En Internet abundan los artículos periodísticos y académicos en esta misma dirección, y la propia Unesco dispone de un espacio, en su web, donde se puede observar cuantitativamente cómo los gobiernos nacionales han adoptado el cierre de espacios naturales y culturales como medida de seguridad sanitaria. La imagen de un mapa mundial teñido de rojo es realmente escalofriante.

Sin embargo, el término ‘cultura’ lo asociamos en menor medida con las fiestas clandestinas que tanto nos enojan, cuando las vemos en televisión; con lugares abarrotados; con citas de Tinder y sexo casual; o con las teorías conspirativas. Tampoco asociamos ‘cultura’ con los/as hijos/as que no aguantan más sin ver a sus padres y los visitan durante un fin de semana largo o alguna festividad, con los abrazos fuera de la burbuja social; con los «es tu cumpleaños número XX, tienes que festejarlo sí o sí»; o con los rituales fúnebres.

«No estábamos culturalmente preparados para mantenernos confinados durante meses, ni para para un distanciamiento social».

Si ampliamos nuestra mirada sobre lo que entendemos por cultura, si la concebimos como la forma mediante la cual nos relacionamos entre nosotros y con el mundo, ya no tenemos una sino dos grandes preguntas con las que podemos interpelarnos: ¿cómo impacta la pandemia en la cultura? y ¿cómo impacta la cultura en la pandemia?

En relación con la primera apuntaré algo casi obvio: las medidas implementadas para frenar la propagación de la Covid-19 están impactando fuertemente en nuestras formas de celebrar, de amar, de despedirnos de nuestros seres queridos fallecidos; en nuestras actividades de ocio y tiempo libre y en cómo interpretamos lo que estamos viviendo. En definitiva, en nuestras pautas culturales. No estábamos culturalmente preparados para mantenernos confinados durante meses, para el seguimiento estricto de medidas de higiene, para un distanciamiento social y muchísimo menos para interpretar la dimensión de una amenaza sanitaria mundial.

Por fortuna, también somos muchos/as los que no estábamos culturalmente preparados para que el Estado limitara varias de nuestras libertades individuales. Algunos países que comparten historias de terrorismo de estado tampoco estaban culturalmente preparados para volver a convivir con los términos ‘toque de queda’, ‘permiso de circulación’ y ‘restricción perimetral’.

«Es hora de cambiar nuestra mirada sobre esta situación y aumentar nuestro compromiso».

Y justamente, lo anterior permite dar respuesta a la segunda cuestión: la cultura también impacta en la Covid-19. No hacen falta modelos estadísticos para saber que las pautas culturales están siendo un escollo para frenar la propagación del virus en varios países. Aunque lo juzguemos, principalmente cuando se trata de los demás, volvemos a poner la música a todo volumen y se nos olvida que los vecinos de abajo quieren descansar. Olvidamos que los vecinos somos todos.

Volvemos a llenar los bares ante la primera oportunidad; creemos que una fiesta no le hace mal a nadie y que «ya nos la merecemos»; dejamos de lavarnos las manos si vemos que la curva de contagios baja; nos tocamos, nos besamos y nos vamos a desayunar juntos antes de entrar a la oficina.

Se nos olvida que las pautas culturales no las marcan solo los padres, sino todos. Es hora de cambiar nuestra mirada sobre esta situación y aumentar nuestro compromiso.

Readaptando las bonitas y no sensacionalistas palabras de Julio Cortázar: «De esta asumida adversidad, deberá nacer la mirada que necesitamos».


Verónica Figueroa es colaboradora de OBS Business School.