«El rendimiento es de todos, pero no para todos», Francisco Javier de Miguel #frentealespejo

Francisco Javier de Miguel #frentealespejo

Todos los entrenamientos que he tenido con equipos empresariales se resumen en una frase, que siempre uso: «El rendimiento es de todos, pero no para todos». No todos los equipos empresariales están preparados para rendir al máximo, ni todos tienen la voluntad de hacerlo.

Existen miles de motivos para esto, y estoy convencido de que, si muchos de ellos ocurrieran en un vestuario deportivo, la continuidad de esos profesionales en el equipo se vería seriamente comprometida.

En las empresas, no contamos con muchos equipos en el sentido pleno de la palabra; al menos no bajo la definición que se entiende en el alto rendimiento. Lo que sí encontramos son grupos de personas que se consideran equipos. Son grupos que, gracias a su talento, contexto y circunstancias empresariales, logran un buen nivel de rendimiento.

Sin embargo, si tuvieran que funcionar como verdaderos equipos para subir a un nivel superior de rendimiento, muchos de ellos no lo lograrían. El motivo es porque carecen de los mecanismos de comunicación, el entrenamiento adecuado y la capacidad de ejecución en equipo necesarios para alcanzar el 100% de su potencial.

«No todos los equipos empresariales están preparados para rendir al máximo, ni todos tienen la voluntad de hacerlo».

Los equipos de alto rendimiento van más allá del talento individual y se forjan en el talento colectivo. Entrenan comportamientos medibles que permiten coordinar el talento de todos sus miembros para decidir y actuar al unísono, con una ejecución alineada, sincronizada y armónica.

No suelo encontrar esto en los equipos empresariales. Lo que sí encuentro son buenas intenciones, nuevas e innovadoras metodologías, y grandes estrategias adornadas de políticas que, en la práctica, rara vez aterrizan todo lo que proyectan. Porque en las empresas, complicamos demasiado el concepto de rendimiento. Tenemos una enorme cantidad de herramientas de liderazgo, metodologías de trabajo, condiciones laborales, legislación, derechos y otras derivadas diseñadas para hacer a las personas más felices y eficaces en el trabajo.

Sin embargo, no creo que esto sea suficiente. No creo que, aplicando todas estas herramientas, llevemos a los equipos empresariales a su máximo nivel de rendimiento. Deseamos que los equipos estén bien para que rindan más y mejor, pero, como he comprobado de primera mano, la mayoría de los equipos de alto rendimiento, aunque no estén en las mejores condiciones, tienen un compromiso inquebrantable con el rendimiento. La clave para ellos es conseguir resultados y luego seguir obteniéndolos con mejoras, en todos los sentidos, que realmente sumen.

Un equipo de alto rendimiento tiene como primer reto ganar, conseguir resultados. A partir de ahí, selecciona de manera “quirúrgica” solo las herramientas y métodos que le ayuden a ampliar su margen de resultados. Ningún equipo de alto rendimiento ha alcanzado ese nivel por las herramientas o los métodos de trabajo; estos vienen después. Lo primero es tener claro el objetivo común y buscar resultados como equipo.

«Como he comprobado de primera mano, la mayoría de los equipos de alto rendimiento, aunque no estén en las mejores condiciones, tienen un compromiso inquebrantable».

Porque la esencia de un equipo de alto rendimiento radica en el desafío compartido que los une para lograr algo concreto. Sin ese reto, los equipos carecen de base y dependen únicamente de las condiciones y del talento individual; lo que siempre resulta insuficiente, ya que deben coordinarse con otros talentos.

Y es que, he observado muchas veces en los departamentos de recursos humanos, que deberían de ser la base para generar estos equipos en las empresas, que no se trabaja con el propósito de crear equipos alineados con las necesidades estratégicas reales del negocio. En cambio, se centran en resolver cuestiones administrativas, ofrecer formación estándar y cumplir con las condiciones laborales similares a las de otras empresas. Siempre tengo la sensación de que son como un entrenador que no entrena con su equipo lo que realmente necesita para competir el fin de semana.

Creo que falta invertir tiempo en crear equipos que se diviertan ganando, alcanzando resultados, y que entrenen habilidades y hábitos que les permitan mejorar constantemente. Equipos capaces de medir su rendimiento y tomar decisiones basadas en esos datos para superarse en cada oportunidad. Por eso, la realidad es que estamos muy lejos del rendimiento de los equipos deportivos. Y eso a pesar de que nos inspiramos constantemente en ellos.


Francisco Javier de Miguel Muñoz, autor de Entrenando para el éxito (Editorial Almuzara).