Amigos, los tiempos han cambiado.
«Mi principal problema son las personas», me decía hace unos días una brillante empresaria. Estoy seguro de que esta preocupación es compartida por muchos CEO y directivos.
Y es que, desde mi punto de vista, los tiempos han cambiado y mucho. Los antiguos Recursos Humanos se han transformado en Áreas de Personas, impulsados por las nuevas necesidades de la sociedad, los diferentes valores de nuestros jóvenes y la falta de profesionales en el mercado laboral.
«Me han faltado más personas hoy de las que tengo trabajando», «Estos jóvenes ya no reconocen la autoridad», «Con tanta regulación nos están estrangulando y vamos a tener que cerrar»… Seguro que estas afirmaciones no les cogen por sorpresa. Sin embargo, son precisamente estos nuevos paradigmas los que nos plantean un marco totalmente diferente, un reto que deberemos afrontar sí o sí.
Y tengo que decir que soy de los que cree firmemente que estamos ante una gran oportunidad para nuestras empresas, si la gestionamos adecuadamente.
Y, ¿cómo hacemos esto? Me dirán. Más allá de preocuparnos por lo que no está dentro de nuestro círculo de influencia, creo que podemos y debemos adelantarnos cambiando nuestro enfoque y estableciendo un liderazgo moderno que dé solución a todas estas cuestiones.
«Si establecemos el clima y el liderazgo adecuado, seremos capaces de encontrar jóvenes talentos igual o más responsables y comprometidos como los de antaño».
La confianza, el compromiso y la responsabilidad son nuestros grandes aliados para hacer de este problema una excelente oportunidad. Y es que las personas somos eso, personas. Homo Sapiens con independencia de nuestra edad, género y creencias. Todos somos iguales, todos necesitamos lo mismo y todas buscamos lo mismo: ser felices.
No comparto que los jóvenes no tengan valores ni sean responsables. Creo que, si establecemos el clima y el liderazgo adecuado, seremos capaces de encontrar jóvenes talentos igual o más responsables y comprometidos como los de antaño.
Todos tenemos ejemplos cercanos de lo que acabo de describir. La pregunta es por qué y cómo ha sido posible. Y la respuesta que les propongo es creando una cultura, unos puestos de trabajo, que comprometan, que desarrollen y que, en definitiva, hagan felices a las personas, sean jóvenes o no.
Y para lograrlo, lo primero que necesitan nuestras plantillas es seguridad. Lo segundo, sentirse integradas dentro de su círculo social. Y, por último, ser parte de un proyecto que les llene y puedan compartir con los demás. ¿Me quieren decir que no merece la pena intentar transformar nuestra empresa para conseguir esto?
¿Y si, centrándonos en este enfoque, consiguiésemos retener y atraer el talento, reducir el absentismo, mejorar nuestros costes? ¿Y si, además, se multiplicase el valor de nuestra compañía por su excelente reputación? ¿Y si, permítanme que sea un poco más osado, además, aumentasen su propia felicidad al saber que su idea hace felices a sus empleados y a la sociedad con la que interactúan?
«Si observan con atención los sectores con menos absentismo de nuestro país, verán sin ningún tipo de sorpresa que son aquellos en los que las personas pueden desarrollar sus responsabilidades con plena autonomía».
La seguridad debe enfocarse de forma que cada persona adquiera el mayor nivel de autoestima desarrollando su puesto de trabajo. Maslow nos da las claves, en su pirámide, de cómo crece exponencialmente la motivación cuando a una persona le permitimos que se autodesarrolle. Y si observan con atención los sectores con menos absentismo de nuestro país, verán sin ningún tipo de sorpresa que son aquellos en los que las personas pueden desarrollar sus responsabilidades con plena autonomía.
Desde mi punto de vista, esto se consigue con un liderazgo basado en la confianza, con un buen plan de formación anclado en el ejemplo y traspasando finalmente la responsabilidad del puesto de trabajo una vez que ya lo hemos aprendido. Debemos saber que con estas acciones estaremos conectando directamente con la motivación extrínseca de nuestros empleados.
La integración se promueve extendiendo nuestra mejor alfombra roja, la reservada para nuestros mejores invitados, desde el primer contacto con la persona y no retirándola jamás.
Finalmente, para comprometer a cada persona con nuestro proyecto lo que debemos hacer es crear una cultura de liderazgo que transmita la pasión por el mismo, que conecte con la sonrisa del cliente y que establezca un plan de comunicación. En el que se felicite a diario, se trasladen los resultados conseguidos, se dé las gracias por el esfuerzo realizado y, en definitiva, se le dé a cada persona la importancia que tiene dentro del mismo.
Carlos Barraqué García es director del Área de Personas en Grupo Palacios Alimentación y autor de Lo que me descubrió mi amigo Talento (LID Editorial).

