«Talento sénior: ¿discriminado o invisible?», Camino Rodríguez #frentealespejo

Camino Rodríguez #frentealespejo

Durante la década y media que llevo trabajando como coach de desarrollo de carreras profesionales, desde 2009, he sido testigo de una tendencia cada vez más preocupante: la discriminación por invisibilidad que sufren los talentos sénior, a medida que envejecen. Este prejuicio, que aumenta proporcionalmente con la edad, ignora el vasto conocimiento y la experiencia que estos profesionales pueden aportar a cualquier organización.

En mi libro El arte de reorientar una carrera con propósito, comparto diversas historias de profesionales sénior con los que he colaborado, quienes se han enfrentado a esa desafiante discriminación. No obstante, mediante la reorientación de sus habilidades, han logrado superarla con dignidad y éxito. Estas narrativas no son solo testimonios de resiliencia, sino también poderosas lecciones sobre la importancia de la actitud y el autoconocimiento como medios para aprovechar segundas y terceras oportunidades en la vida profesional.

Uno de estos casos fue el de Marta, una ejecutiva con más de 25 años de experiencia y con una impresionante trayectoria en el sector financiero. Marta se encontró luchando por encontrar oportunidades relevantes, enfrentándose a una barrera invisible construida por prejuicios relacionados con su edad y su condición. En mi opinión, este tipo de situaciones son inaceptables y decepcionantes, tanto para el profesional que se encuentra injustamente evaluado, como para los empleadores que descartan la posibilidad de que la madurez y la experiencia contribuyan de manera significativa a dar valor a los actuales desafíos del mercado.

«Desde 2009, he sido testigo de una tendencia cada vez más preocupante: la discriminación por invisibilidad que sufren los talentos sénior».

Trabajando juntas, Marta y yo nos centramos en resaltar cómo su vasta experiencia podría ser una ventaja distintiva, no un lastre. Rediseñamos su marca personal, creamos un atractivo mensaje de posicionamiento, realineamos su currículum para destacar no solo su experiencia, sino también su constante adaptación a las nuevas tecnologías y a soluciones emergentes en su campo. Fueron semanas de trabajo con foco e ilusión, pero el resultado fue extraordinario: Marta no solo consiguió un puesto en una empresa innovadora, sino que también fue designada para liderar un proyecto de transformación digital.

Según lo veo yo, el edadismo no es solo un problema para los individuos afectados; es un problema para las empresas y la sociedad en general. Con la discriminación de los trabajadores sénior, las organizaciones pierden la oportunidad de aprovechar un conjunto tremendamente atractivo de competencias y experiencias. Esos profesionales invisibles a ojos de empresas prejuiciosas pueden resultar cruciales en momentos tan disruptivos en los negocios como los actuales, tanto desde la perspectiva de la prevención de fracasos como desde el de la resolución de problemas inesperados.

Es imperativo que desafiemos y cambiemos esta miopía. Como sociedad, deberíamos estar promoviendo una cultura laboral inclusiva, que valore la diversidad de todas las formas: genero, raza, orientación sexual, religión y por supuesto la edad.

«Es imperativo que desafiemos y cambiemos esta miopía. Como sociedad, deberíamos estar promoviendo una cultura laboral inclusiva».

Por lo tanto, mi llamada a todos los líderes y tomadores de decisión es que miren más allá de los números en la fecha de nacimiento y consideren lo que realmente importa: la habilidad, la experiencia y la capacidad para contribuir de manera significativa. El talento no tiene fecha de caducidad, y es hora de que nuestra percepción y nuestras políticas reflejen esa realidad.

Enfrentarse al edadismo no es solo una cuestión de justicia; es una cuestión de inteligencia empresarial y desarrollo social. Por eso en mi libro abogo por el respeto que los profesionales sénior merecen, y es nuestro deber como reclutadores profesionales de recursos humanos, líderes empresariales o simplemente ciudadanos sensatos y comprometidos, asegurarnos de que se sientan incluidos y visibles.


Camino Rodríguez es autora de El arte de reorientar una carrera con propósito (LID Editorial).