Allá por los años ochenta del siglo pasado, cuando impartía clases a tus padres, la mayoría de españoles tenían una buena base de francés; pero no habían estudiado inglés nunca. Se trataba de un idioma misterioso, que había sido visto en los letreros comerciales de la serie Starsky y Hutch, y escuchado en la banda sonora de Grease.
En aquellos momentos, el Santo Grial del aprendizaje del inglés era el examen First Certificate de Cambridge. Todo el mundo quería sacarse “el first”, y para muchos profesionales que habían dedicado 20 años al estudio del idioma del país vecino, conseguir ese logro se antojaba una batalla larga y dura.
Hoy en día, la situación ha cambiado mucho. Y por lo que he podido observar en mis clases, prácticamente todos los jóvenes españoles tienen un razonable –a veces excelente– manejo social del inglés. Esta realidad es obviamente resultado de la implementación de estrategias educativas como el Programa Educativo Bilingüe del British Council y el Ministerio de Educación, para incluir la enseñanza del inglés en el currículo de las nuevas generaciones.
Pero también evidencia que la lengua de Shakespeare se ha vuelto imprescindible: ya no es solo una materia escolar, sino el idioma de la comunicación internacional. Es imposible interactuar en Tik-Tok, Instagram, Snapchat, Twitter e incluso Facebook si no tienes una comprensión bastante fluida del inglés informal.
«Por lo que he podido observar en mis clases, prácticamente todos los jóvenes españoles tienen un razonable –a veces excelente– manejo social del inglés»
Además, se ha convertido en algo bastante común (al menos donde trabajo) tener una clase de jóvenes de 16 años que se felicitan por su glow up (mejora del aspecto físico) con Yass Queen! (dale, reina). A veces, el significado de las expresiones que emplean va más allá, incluso, de mi entendimiento como nativo…
Así que, sí, hemos llegado a un punto en el que los jóvenes españoles pueden hablar en inglés con personas de cualquier lugar del mundo. Alcanzado este propósito, podrías perfectamente pensar que la sociedad ya está satisfecha con su nivel y que necesitar o querer un título de inglés quedó atrás. Pero esto no es así.
En una encuesta reciente del British Council, cerca de la mitad de los sondeados (47%) otorgaron una máxima importancia a la necesidad de contar con un título de inglés. Se trata, probablemente, de una cifra conectada con la de aquellos padres que acudían a mis clases hace años, cuando demostrar el dominio de esta lengua era absolutamente esencial. Así que, ¿por qué siguen siendo tan importantes hoy los exámenes?
Podríamos decir que la demanda se mantiene, pero cambia el objetivo. Es decir, hoy en día los estudiantes siguen interesados en “el first” –que ahora se llama B2 First–, pero el título que la mayoría de los profesionales persigue es el C1 Advanced. Y la situación sigue evolucionando. Los funcionarios necesitan un nivel de inglés mucho mayor del que hubieran requerido hace 30 años, pero igual que entonces tienen que probar que lo poseen presentando un certificado (ya sea el Cambridge C1 Advanced, British Council Aptis, IELTS, TOEFL o cualquiera de los exámenes disponibles).
«Las empresas van a buscar a quienes puedan escribir un informe, y responder a un artículo, y argumentar los pros y los contras de una propuesta… en inglés»
Verás, si cada uno de los estudiantes que conozco es capaz de mantener una conversación fluida en inglés en Twitter, eso significa que cada uno de los candidatos a una entrevista de trabajo podría hacer lo mismo. Así que las empresas van a buscar a aquellos profesionales que puedan hacer mucho más en inglés. Que puedan comunicarse en Twitter, y también escribir un informe, y responder a un artículo, y comprender una presentación, y argumentar los pros y los contras de una propuesta. Profesionales que se hayan enfrentado a estas pruebas en un examen y que las hayan superado con nota.
Pero profesionales que pueda acreditar su nivel con un certificado. Por eso necesitamos un título de inglés: la prueba en el currículum que siempre lo completará.
Ben Rowdon es profesor del British Council.

