–Oye, Inma, ¿y de qué va ‘Imperfecto’?
–¿A ti te gustaría salir con alguien perfecto?
Y así, sin que te des cuenta, te acabo de convertir en Lola, la protagonista de mi libro. No será difícil que te identifiques con ella. Lola podríamos ser cualquiera de nosotros, con 19 o 20 años. Inocentes y soñadores. Vulnerables frente a las emociones y expectantes de un primer amor, que nos marca más de lo que pensamos.
De eso va Imperfecto, de la vida. Y de un sueño cumplido. Literalmente.
Más de siete años han pasado desde que me eché la siesta y soñé con lo que, un tiempo después, terminarían siendo los capítulos II y XXXII. Era finales de 2016, y por entonces la idea de un libro me parecía inabarcable; así que me puse a escribir. Sin más. Desde que tengo uso de memoria, las letras habían sido mi medicina y mi liberación. Mi “magia”, hasta que recibí un mensaje de una desconocida (vía Instagram), que me daba las gracias por haber puesto palabras a lo que ella necesitaba expresar.
Ese día lo comprendí: Imperfecto tenía que dejar de ser solo mío para abrir las puertas a todo aquel que lo quisiera bucear. Y para ello había que empezar poniendo orden al caos. ¡Qué paradoja!
Creo recordar que fue a principios de 2017 cuando elaboré un primer esbozo del argumento, bauticé a Lola y Sino, preparé un calendario para apuntar lo que pasaba cada día y recopilé todas las letras sueltas para darles un sentido aún mayor. “Vale, esto empieza a parecerse a un libro”, pensé para mí.
«Desde que tengo uso de memoria, las letras han sido mi medicina y mi liberación. Era finales de 2016, y por entonces la idea de un libro me parecía inabarcable; así que me puse a escribir. Sin más».
Pero qué difícil es transformar la inspiración en palabras y darle forma en un papel, ¿verdad? Sí y no. Sí por el miedo al blanco. Y por la presión de las expectativas. Y porque tenemos esa terrible manía de que lo nuestro jamás nos parezca lo suficientemente bueno.
Y no porque yo sabía que, si quería una historia real, tenía que dejar que la propia vida se encargara de ir tejiendo el argumento.
Y así fue. Por eso, Imperfecto no nos traslada a ningún otro sitio salvo a la actualidad. A un relato formado a partir de una gotita de ficción y cientos de hechos reales. Porque durante muchos años me dediqué a vivir, imaginar y escribir; vivir, imaginar y escribir; vivir, imaginar y escribir.
Así nació Imperfecto. Como una historia que nos envuelve y nos distrae a la par que enseña. Como un cuento que disfruta el público adolescente y aprecia el lector más maduro. Porque sí, desde el principio quise hacer una novela mitad entretenimiento y mitad introspección. Una novela “espejo”. Una novela única precisamente por su forma de contar la vida, tanto por fuera como por dentro de la piel.
«Qué difícil es transformar la inspiración en palabras y darle forma en un papel, ¿verdad? Por la presión de las expectativas. Y por esa terrible manía de que lo nuestro jamás nos parece suficientemente bueno».
¿Que cómo se logra eso? Pues a través de una temática adolescente que, sin embargo, traspasa la juventud y llega a cualquier tipo de lector gracias a unas reflexiones atemporales y puramente humanas, en las que es imposible no verse reflejado.
De ahí que Imperfecto se lea la primera vez y se saboree –y hasta subraye– la segunda. Porque es la segunda cuando dejamos de correr por la trama y aprendemos a frenar para extraer los distintos aprendizajes escondidos entre líneas. El amor, la amistad, la familia, el tiempo… y uno mismo. El truco está en algo tan cotidiano como las teclas de un reproductor: marcha atrás, stop, pausa, play y hacia delante. “Ahora mismo, con tu vida, ¿qué botón pulsarías?”. Cuando lo leas, lo entenderás.
Inma Mansilla Sánchez es periodista y autora de Imperfecto.

