franquicia

«Si se hacen bien las cosas, la franquicia merece la pena», Marina Al-Assir #frentealespejo

Habrá quien piense que tiro piedras sobre mi propio tejado. Pero como copropietaria de una cadena defiendo el modelo de franquicia original: en el que todas las partes ganan: franquiciadores y franquiciados.
Desde tiempos lejanos, algo que no ha cambiado son las ganas de ganar dinero con el mínimo esfuerzo. Nadie puede ponerle un pero, porque nada hay de malo en ello. Y la franquicia es, a primera vista, una sistema sencillo de hacerlo.

La fórmula, en teoría, es perfecta: Belén monta un negocio y consigue estandarizar todos sus procesos, de forma que puede clonarlo en distintas ubicaciones. Luis, María y Roberto confían en Belén porque lo está haciendo muy bien, y le pagan una cantidad para que les permita explotar ese modelo, cada uno en su barrio. Ganan los cuatro, y además Belén hace crecer su empresa con capital ajeno.

El problema es que, por lo general, quienes buscan abrir una franquicia son personas que quieren invertir sus escasos ahorros para autoemplearse. El perfil de inversores con cierto capital es un porcentaje escaso. Y además, invierten sabiendo con certeza dónde se meten. Pero la mayoría de quienes abren peluquerías, bares, tiendas de informática y similar no suelen tener un bagaje empresarial. Por eso, el modelo de franquicia sería ideal, porque les debería ayudar en todo lo que ellos no podrían por sí solos: primero hasta la apertura, y después, en el día a día.

«Defiendo el modelo de franquicia original, en el que ambas partes ganan; y no una sola»

El problema viene cuando el franquiciador no cumple: aparecen estafas, incumplimientos de contrato y familias arruinadas; lo que asusta a los posibles inversores. Habría que valorar quien incumple más, si franquiciadores o franquiciados. Lo que está claro es que el franquiciador tiene muchas más herramientas para mover la balanza a su favor en caso de conflicto, y esto no siempre debería ser así.

Una cosa es tener el control sobre tu marca, y otra los contratos con cláusulas tipo «cualquier apartado podrá ser modificado en cualquier momento sin previo aviso». Es evidente que no se verán contratos tan descarados, pero si se hurga bien, hay cláusulas que se parecen mucho a esta, que parece una exageración.

Además, en alguna que otra cadena, la expansión está por encima de todo. Y siendo los responsables de crecer empleados con sueldo y objetivos, tienden a conceder franquicias a candidatos que, en otras condiciones, no pasarían la criba. Lo que a la larga perjudica a esa marca, y a toda la franquicia: no solo por los cierres de unidades, sino por los obvios daños en la imagen del sistema.

A esto podemos unir la asociación de franquiciadores que no hace nada para que el sector más regulación; como en Francia o Estados Unidos, por ejemplo.

Por eso decidí publicar El Libro Rojo de la Franquicia, donde explico de forma sencilla las trampas que puede contener cada apartado de un contrato de franquicia tipo.

«En mi libro explico, de forma sencilla, las trampas que puede contener un contrato de franquicia»

Y es que, en el mejor de los casos, cuando una persona que decide emprender se compra un libro comprobará que está escrito por un consultor de franquicia, cuya misión es venderle algunas de sus franquicias cliente.

Le va a hablar de forma global de las ventajas del sistema y de que lo mejor es elegir las suyas. Pero no de las trampas que puede haber en esa relación, ni de los fracasos, ni de que no todo el mundo vale para ser empresario por cuenta propia.

Más que un ataque al modelo, pretende que cuando alguien piense en franquicia no imagine negocios cutres y despersonalizados, con servicios mediocres, sino en modelos de éxito. Los hay, aunque no lo parezca.


Marina Al-Assir es copropietaria de la cadena de centros Templo del Masaje, y autora del manual de negocios El Libro Rojo de la Franquicia.