«Éxodo laboral: ahora es el momento de cuidar el talento», Gastón Parisier #frentealespejo

Gastón Parisier #frentealespejo

Mientras millones de trabajadores –muchos de ellos en condiciones de extrema precariedad– luchaban por mantener sus puestos de trabajo tras la llegada de la pandemia, en Estados Unidos se producía lo que muchos denominaron “La Gran Renuncia”. En octubre de 2021, más de 4,2 millones de trabajadores renunciaron de forma voluntaria a sus puestos de trabajo.

Aunque no niego que la grandilocuencia del término con que se denominó a tan preocupante suceso tenga un tinte mediático extremadamente atractivo, estos datos nos hacen darnos cuenta de que el futuro del mercado laboral se cubre de una fina capa de desesperación, inconformismo y agotamiento.

La pandemia no solo ha alterado de forma sustancial la forma en la que nos relacionamos, sino que ha cambiado nuestra forma de pensar. Tras ver pasar la vida ante nuestra ventana, hemos reorganizado nuestras prioridades y hemos determinado que un año sabático no es un error, sino una oportunidad. El bienestar es ahora nuestra máxima, y así lo demuestran los datos. Según recientes estudios, el 70% de los trabajadores afirman que uno de los parámetros que tienen en cuenta a la hora de buscar empleo es el salario emocional.

«Se busca que los empleados comulguen con la razón de ser de la compañía, pero se toma en consideración cuál es el propósito que cada uno de los miembros de la organización tiene para con la sociedad»

Desde mi punto de vista, se trata de una revolución rezagada de un mercado laboral agotado que debe reinventarse para garantizar su estabilidad en el tiempo. Si bien es cierto que la implantación del propósito corporativo lleva años haciendo mella en las empresas, no ha sido suficiente, puesto que se ha implementado desde un plano erróneo. Se busca que los empleados comulguen con la razón de ser de la compañía, pero se toma en consideración cuál es el propósito que cada uno de los miembros de la organización tiene para con la sociedad.

Obcecadas en el pensamiento tradicional, las empresas han seguido apostando por el salario como principal herramienta para recompensar a sus empleados. En Bigbox, después de muchos años ayudando a las empresas a retener y fidelizar el talento a través de las experiencias, nos hemos dado cuenta de que lo que verdaderamente importa a los equipos de trabajo son las experiencias.

Y es que no importa el salario cuando no se puede disfrutar de una tarde de lectura, un fin de semana en pareja o, simplemente, un paseo para ir a recoger a los más pequeños del colegio. La pandemia nos ha hecho darnos cuenta de que el tiempo es una medida finita, y por ende debemos aprovecharlo. En este contexto, las empresas se enfrentan a un desafío sin precedentes: conseguir ayudar a sus empleados a vivir experiencias que se conviertan en momentos inolvidables, comulgando así con la idiosincrasia de la compañía.

«En España, el 70% de los empleados, casi la misma cifra que reconoce la importancia del salario emocional, afirma que no se encuentra feliz en su puesto de trabajo»

En España, el 70% de los empleados, casi la misma cifra que reconoce la importancia del salario emocional, afirma que no se encuentra feliz en su puesto de trabajo. En este contexto, si hablamos del mercado de las experiencias en España, nos encontramos con cifras verdaderamente interesantes: el sector de las experiencias supone 1.500 millones de euros, de las que 400 millones no se disfrutan. Personalmente, me pregunto: ¿Cómo pretendemos trabajar en la felicidad de nuestros equipos si ni siquiera les damos la oportunidad?

Sumidos en un frenetismo de la vida diaria que nos impide darnos cuenta de cuáles son los verdaderos problemas de un mercado laboral que no hace más que indicarnos su agotamiento, no somos capaces de ver que invertir en la mejora de la calidad de vida de los empleados permitirá mejorar la eficiencia de las empresas.

Es momento de repensar el empleo. Hablamos constantemente sobre la innovación tecnológica en el puesto de trabajo, o sobre la digitalización de las empresas. Sin embargo, en estos momentos de creciente incertidumbre, la prioridad pasa también por dialogar sobre cómo podemos humanizar las empresas para construir un verdadero clima de felicidad. En esta ecuación que, a priori, parece de una complejidad extenuante, las experiencias pueden ser el primer paso hacia el futuro que viene; hacia un nuevo paradigma del empleo que sitúe a los empleados en el centro.

Gastón Parisier es CEO y Fundador de Bigbox.