Estamos más informados que nunca. Y eso es buenísimo. Hace cinco décadas no sabíamos bien como se vivía en otros países, como funcionaban las empresas de nuestro sector que triunfaban, etcétera. Y ahora tenemos imágenes en directo de todas partes del mundo, estudios sobre mercados, empresas, líderes… que antes eran imposibles de conocer ni acudiendo a los Registros Mercantiles. Para nosotras, como gestoras de patrimonios desde hace más de dos décadas, tener acceso a toda esa información es un privilegio.
Pero quiero traerte nuestra opinión al respecto de tanta información. ¿Esos inputs nos está haciendo más sabios? ¿Más felices? ¿Más eficientes? ¿Nos acercan más a lo que consideramos nuestro éxito personal? ¿A nuestros objetivos? No sé cuáles son los objetivos que definen tu vida. Conozco bien sólo los nuestros, que además evolucionan, cambian con los años. Y observo en nosotras una lucha permanente por parar y digerir tanta información. Tenemos que hacernos violencia para parar varias veces al día, respirar y calibrar la información que recibimos, para reflexionar y desarrollar nuestra propia opinión personal.
Quizá los jóvenes sean más rápidos, o haya coetáneos más rápidos que nosotras, no lo sé. Pero nos sentimos como con esos menús degustación, que si te tomas todo lo que te ofrecen pasarás horas empachado. ¿Y qué sucede si tomamos altas dosis de alcohol todos los días? Nuestro hígado no podrá procesarlo.
Ahora tenemos imágenes en directo de todas partes del mundo, estudios sobre mercados, empresas, líderes… […] Tener acceso a toda esa información es un privilegio.
La mente es un órgano más del cuerpo. Y físicamente el cerebro está conectado a nuestro sistema nervioso. Y del mismo modo que nuestro hígado o nuestro estómago tienen que tener tiempo para limpiar y procesar los alimentos, la mente tiene que tener tiempo de procesar, digerir y calibrar la información que le metemos, para poder desarrollar un criterio propio.
No sé qué opinas tú, pero desde nuestro punto de vista es mucho más útil parar, que avanzar rápido en la dirección equivocada.
Las empresas que tienen el acompañamiento de un despacho de gestión de patrimonios normalmente ya tienen a su alrededor gente en su empresa que podría ejecutar todas sus nuevas ideas: abrir un nuevo negocio, donar unos bienes a los hijos, comprar un inmueble concreto. Pero vienen a sentarse con nosotras, porque les ayudamos a pararse a pensar: ¿Cuál es tu objetivo final? ¿Qué buscamos con lo que quieres hacer? ¿Cuál es el coste de hacerlo? ¿Hay alternativas mejores a esa propuesta? Y reflexionando juntos y estudiando el caso puede que le acabemos aconsejando al cliente seguir adelante con lo que pretendía desde un principio y exactamente como planteaba, pero a menudo no es así. Porque con más serenidad valoramos mejor la información, ejercemos mejor nuestra libertad y dirigimos mejor nuestra empresa o patrimonio.
Con más serenidad valoramos mejor la información, ejercemos mejor nuestra libertad y dirigimos mejor nuestra empresa o patrimonio.
Y como nos interesa mucho vivir bien nuestra vida personal y vemos que parar a sopesar las cosas y darnos tiempo para digerirlas, nos funciona en el ejercicio profesional, tratamos de copiar esa mentalidad en nuestra vida personal: paramos y dedicamos tiempos de silencio a escucharnos a nosotras mismas. Para que nuestra mente no sea como una servilleta que se empapa de la opinión de unos y de otros. Sino para desarrollar y ajustar nuestro propio pensamiento, sin ruido, desde la serenidad, sintiéndonos libres, y cada una dueña de nuestro propio criterio.
Esa, entre otras, es la propuesta que recogemos en el libro El pulso de la riqueza. Kaizen y la Ley del STOP, de la editorial Almuzara Universidad. Con el que proponemos trasladar las mismas herramientas que nos funcionan en el plano de la empresa, al plano de nuestra vida. Para que nos ayuden a construir una vida más plena. Para vivir con más tranquilidad, que parafraseando a Marco Aurelio en su obra Meditaciones, la tranquilidad no es otra cosa más que el buen orden de la mente.
Las hermanas Mercedes, María Amelia y Teresa Diosdado son mediadoras civiles y mercantiles y autoras de El pulso de la riqueza. Kaizen y la Ley del STOP (editorial Almuzara Universidad).

