«¿Qué tal si aprovechamos nuestra capacidad de resiliencia para aprender de la dificultad?», Isabel Aranda #frentealespejo

Isabel Aranda #frentealespejo

Siento decirlo, pero la vida no se nos ha hecho más fácil. Parece que haya dado una vuelta de tuerca en las dificultades del día a día, en el afrontamiento de los retos vitales y en la capacidad de gestionar el trabajo. La impresión generalizada, de lo que hablamos con cualquier colega, es que, lejos de estar frescos y renovados, la Covid-19 sigue haciendo mella en nuestras vidas; nos sentimos más abrumados, faltos de atención y concentración, como en una niebla mental, dicen algunos.

No es de extrañar, el virus no solo afectó a los trabajadores en el confinamiento, también nos sigue afectando actualmente. Ha generado unas secuelas psicológicas de enorme impacto, tanto entre el personal sanitario y aquellos que estaban en primera fila, como, en general, entre los trabajadores. El estrés, la ansiedad, la depresión, el bournout, el boring, se han hecho presentes en el entorno laboral provocando un incremento exponencial de las bajas laborales.

Pero no sólo por las características y naturaleza del trabajo, estamos más sensibles y debilitados psicológicamente. No se ha acabado, el ciclo de respuesta ante la catástrofe, sigue estando abierto. Vivimos aún un momento postraumático a nivel global, ocasionado por el confinamiento y la pérdida de la seguridad en la vida, mantenido y agudizada constantemente por las noticias de contagios en China, de la invasión de Ucrania, de los datos económicos y el malestar que ocasionan los políticos, que hacen que nos sintamos inseguros en este entorno BANI (quebradizo, ansioso, no lineal e incomprensible).

El anterior entorno VUCA (volátil, incierto, cambiante y ambiguo), una explicación tan socorrida antes de la pandemia, han desaparecido ya. Estos son tiempos difíciles, de cambio continuo e inesperado, en los que la inseguridad predomina; y donde se necesitan nuevos recursos para afrontar los retos de esta realidad.

«La Covid-19 sigue haciendo mella en nuestras vidas; nos sentimos más abrumados, faltos de atención y concentración, como en una niebla mental, dicen algunos».

En este contexto, la psicología del trabajo se ha constituido en una fuente inagotable de recursos, tanto de teorías, como guías prácticas, como propuestas de análisis e intervención para las organizaciones. Y está dando respuestas útiles a cómo relacionarnos con esta realidad sobre liderazgo, motivación, hábitos de trabajo, organización de tareas, toma de decisiones y algo que está captando toda la atención de, por primera vez, políticos, medios de prensa y sociedad, en general: la salud mental.

Son docenas los eventos en el sector de los recursos humanos que abordan cada semana el tema del bienestar laboral; el término preferidos en el mundo empresarial para hablar de salud mental. La demanda de explicaciones de los medios de comunicación es incesante. Todos quieren saber cómo manejarse en esta situación.

Así que no es de extrañar que las empresas estén tan interesadas en conocer y actuar sobre cómo están, se sienten y trabajan los empleados. Los retos que ya venían presentándose y que se han maximizado con la Covid-19, han hecho que las empresas se interesen por el bienestar global de sus empleados como recurso para la captación y fidelización de empleados; que no de talento, no nos engañemos.

Por ello, es fácil entender que el bienestar laboral se haya convertido, por necesidad, en un tema de plena actualidad social. Ahora, no sólo se demanda legalmente a las empresas que realicen una prevención de riesgos psicosociales que permita limitar los estragos del estrés o del burnout, para muchas se ha convertido en una línea estratégica de la gestión de sus recursos humanos, que con carácter proactivo tratan de anticiparse a las secuelas problemáticas del estrés mantenido.

Es algo que he podido comprobar con mi participación en tres jurados de premios empresariales, decenas de eventos empresariales, artículos y numerosas intervenciones con periodistas y programas de radio en los últimos tres meses.

«Son tiempos difíciles, de cambio continuo e inesperado, en los que la inseguridad predomina; y donde se necesitan nuevos recursos para afrontar los retos de esta realidad».

Pero, como es fácil de entender hay unas grandes diferencias entre unas empresas y otras, no sólo por las diferencias sectoriales sino por el estilo de liderazgo que se ejerce. Cuando dije esto, en una mesa que moderaba hace unas semanas, la reacción del público, el murmullo fue unánime: “eso, eso es”. Porque sí, así es la conducta del jefe, así es la calidad de vida de los empleados. Menuda responsabilidad.

No es nada nuevo esto, simplemente es una llamada de atención, el bienestar actualmente tan ansiado en el entorno laboral no procede del departamento de benefits y de todo aquello que se le puede dar extra al empleado para no pagarle más, pero que perciba que gana más. Al final, se trata de cómo se relaciona el jefe con sus colaboradores, y de cómo se relacionan los directivos con la organización para respetar a las personas y ponerlas en el centro.

Ánimo, que de la curva de estrés postraumático iremos saliendo. Pongamos un poco de nuestra parte para que sea lo antes posible y en las mejores condiciones. Y aprovechemos nuestra capacidad de resiliencia para aprender de la dificultad y salir fortalecidos.


Isabel Aranda es Doctora en Psicología y Chief Content Officer de TherapyChat.