Abrdn se pregunta si el sector inmobiliario cumplirá con el reto cero neto

cero neto

El reto cero neto –internacionalmente conocido como net zero– se refiere a un objetivo ambiental en el cual las emisiones de gases de efecto invernadero producidas por actividades humanas se compensan completamente con acciones que reducen o eliminan de la atmósfera una cantidad equivalente de estos gases. Se trata de una estrategia clave para limitar el calentamiento global y evitar los peores impactos del cambio climático. Abrdn se pregunta, en su blog, si las firmas inmobiliarias lograrán este enfoque y establecer objetivos ambiciosos para alcanzar cero emisiones netas en un período determinado.

Lograr cero neto no solo implica reducir las emisiones en sectores clave como la energía, transporte, industria y agricultura, sino también implementar cambios en cómo se producen y consumen los recursos, promoviendo la economía circular y adoptando prácticas sostenibles en todos los ámbitos de la sociedad. Este es un desafío global que requiere la participación de todos para salvaguardar el futuro del planeta.

Resulta alentador ver que los legisladores se comprometen con el objetivo cero neto 2050. Sin embargo, el camino por delante será complicado y no lo será menos en el sector inmobiliario. En Europa, por ejemplo, las emisiones de gases de efecto invernadero de los edificios deben reducirse en un 60% respecto a los niveles de 1990 para 2030.

El desafío cero neto al que nos enfrentamos

Esto claramente representa un gran cambio para el sector, pero si se profundiza en los detalles de esta tarea, empieza a parecer titánica. Si no se produce un cambio en la respuesta de todos los agentes del sector de la intermediación inmobiliaria, no se conseguirá a tiempo. 

Según los últimos datos, en Europa, el entorno construido produce actualmente alrededor del 36% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la región. El objetivo acordado por la Comisión Europea (CE) es reducir las emisiones de los edificios en un 60% para 2030. Este objetivo refleja la necesaria contribución del sector para mantenernos dentro del objetivo de solo 1,5 grados de aumento de la temperatura global.  Este nivel de cambio no tiene precedentes.


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Parte de la reducción necesaria procederá de la descarbonización de la red eléctrica y de las energías renovables in situ. Pero dado que se calcula que entre el 85% y el 95% de los edificios existentes seguirán existiendo en 2050, la reducción de emisiones más significativa deberá proceder de la modernización profunda. Es decir, de las mejoras integrales de la estructura y de los servicios de los edificios para conseguir una eficiencia significativamente mayor. Alrededor del 85% de los edificios de la región se construyeron antes de 2001, por lo que este ejercicio –denominado «ola de renovación»– supondrá una enorme tarea para la industria y las cadenas de suministro en las próximas décadas.

La descarbonización de la calefacción

Uno de los principales requisitos es la descarbonización de la calefacción, que se conseguirá principalmente sustituyendo la calefacción de combustibles fósiles por bombas de calor. Se prevé un aumento del 400% en las ventas de bombas de calor en los próximos 30 años. Para hacernos una idea de la magnitud del reto, pensemos que, en la actualidad, solo el 11% de los edificios europeos se renuevan anualmente, y solo el 0,2% de esta renovación reduce las emisiones de forma significativa. Así que, al ritmo actual, la descarbonización podría llevar siglos.


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Una reforma que descarbonice significativamente un edificio puede suponer una prima de gasto de capital de entre el 10% y el 20% (y a veces más) en comparación con una reforma convencional. Según la experiencia de Abrdn, los activos con bajas emisiones de carbono que se adaptan al futuro atraen a los ocupantes y a los inversores, tanto en el sector comercial como en el residencial. Por eso, en algunos edificios, el gasto extra puede justificarse fácilmente porque la mejora de las especificaciones atraerá una prima y protegerá contra la obsolescencia.

Sin embargo, es poco probable que el coste adicional de la renovación profunda sea comercialmente viable para un subconjunto significativo de edificios, la así llamada obsolescencia económica. Sobre todo, en ausencia de una combinación de políticas que incentive un nivel necesario de acción en igualdad de condiciones.