Cumplimos un año más. Catorce, en concreto, desde aquel otoño de 2007 en el que lo que se nos venía encima –la crisis inmobiliaria y financiera, que acabó arrastrando a todos al borde mismo del precipicio–, visto ahora con perspectiva, no era sino el inicio de un siglo que nos tiene que tener preparados para lo mejor, y también para lo peor. Como estamos viendo.
Parece que cumplir años es fácil. Pero no lo es. Porque las fechas no dejan de ser eso, una marca en el calendario. Pero un ejercicio anual completo se compone de muchas horas de trabajo interno y de servicio; de muchas negociaciones, con proveedores y con clientes; de muchas satisfacciones, pero también de muchos desvelos, si lo que se pretende, como en nuestro caso, es dar siempre lo mejor de nosotros mismos. Como empresa y como individuos.
Parece que mantener los compromisos es fácil. Pero no lo es. Son tiempos inciertos. Eso que algunos denominan realidad líquida, y otros bromean con eso de que avanzamos en streaming, sin aparente reflexión alguna, ni posibilidad de parar y revisar los principios. Que algunos, incluso muchos, quieran correr no es motivo para salir todos de estampida. Por eso nosotros seguimos aplicando aquella vieja fórmula de Juan Belmonte, que funciona: parar, templar y mandar. Siempre con transparencia.

Parece que ofrecer un valor añadido es fácil. Pero no lo es. ¿Para qué?, dice la mayoría, si ni está pagado, ni está reconocido. Bueno ¿y qué? En primer lugar, nosotros lo hacemos por el fuero, y no por el huevo. Hay que hacer bien las cosas, y punto. Porque te lo paga el hecho mismo de tener actividad. Y te lo reconoce cada cliente, cuando renueva su confianza en ti.
Parece que brindar un servicio personalizado es fácil. Pero no lo es. Y sin embargo es algo que ha distinguido a Caralin Group desde el origen mismo de esta empresa. Porque así lo concebimos, al ponerla en marcha, y porque no hemos claudicado, como otros, en el desempeño de nuestra actividad. Hayan venido vientos o mareas.
Lo mismo que pensamos seguir innovando. Nuestra próxima apuesta esta en el medioambiente, con nuevos servicios que darán mucho que hablar estos próximos meses.

Parece que mantener unido al equipo es fácil. Pero no lo es. Durante el año y medio que llevamos de pandemia hemos sabido estar a las circunstancias, sin el recurso fácil del ERTE. Con el esfuerzo que conlleva detrás. Por el contrario, el contacto humano ha sido, si cabe, más estrecho. En estos 14 años hemos sabido crecer teniendo en cuenta a los trabajadores. Y ahí es donde radica una de nuestras diferencias: desde el CEO hasta el último de los empleados se sienten igual de orgullosos de la marca. Y eso acaba transmitiéndose a los demás.
No es fácil ser diferente. Lo irónico del caso es que cada ser humano es único e irrepetible; así que todos y cada uno de nosotros lo somos en algún que otro aspecto. Aunque por naturaleza, los humanos somos gregarios; tenemos la necesidad de pertenecer a un grupo. Y los grupos tienen normas, señas identitarias –nosotros mismos estamos en constante restyling de nuestra imagen corporativa–, convicciones colectivas… Las nuestras están claras.
Y sin esas pautas, convicciones y señas el grupo, la empresa, no funcionaría. Porque el significado de Caralin es C de calidad, A de actitud, R de responsabilidad, A de ánimo, L de liderazgo, I de ingenio y N de negociación. Y no estamos dispuestos a renunciar a ninguna de ellas, por mucho que pasen los años. Que pasarán.

Existía una figura en la antigua Roma imperial, que siempre nos ha despertado fascinación: un hombre sencillo, encargado de colocarse inmediatamente detrás de los generales que desfilaban victoriosos, tras su victoria en una batalla importante, y que con una mano sostenía la corona de laurel sobre la cabeza del militar, sin apoyarla ni soltarla. Cuando crecía la intensidad de las aclamaciones, se aproximaba a él, y le susurraba al oído «Respice post te! Hominem te esse memento!» («Mira tras de ti. Recuerda que solo eres un hombre»).
Caralin Group es solo una pequeña empresa. Pero los años continúan pasando y sigue tan orgullosa como el primer día. Algo estaremos haciendo bien, aunque no sea tan sencillo como parece.

