Inaugurada la exposición con archivos notariales desde el siglo XII a nuestros días

archivos notariales

Nueve siglos de historia que los notarios reflejaron por escrito. La muestra El documento notarial: del siglo XII a la Inteligencia Artificial, que acoge hasta el viernes 15 de julio el Palacio Miramar, recoge una treintena de actas, testamentos y letras de cambio desde el siglo XII hasta la actualidad. Inaugurado por la presidenta del Parlamento Vasco y el presidente del TSJPV, destacan archivos notariales como el acta del bombardeo de Guernica, el decreto de constitución del primer Colegio Notarial de Euzkadi, así como documentos facsímiles de Isabel la Católica, Lope de Vega, Cervantes o Hernán Cortés.

Tras el fallecimiento del capitán general Loaísa el 30 de julio de 1526, Juan Sebastián Elcano fue nombrado general de la expedición que, a bordo de la Santa María de la Victoria, pretendía llegar a las Molucas por segunda vez tras la circunnavegación. El marino de Guetaria, ya muy enfermo, pero lúcido de entendimiento, dictó testamento a sabiendas de que la muerte le acechaba. Fue Andrés de Urdaneta quien firmó ese documento que se expone en uno de los salones del Palacio Miramar hasta el próximo viernes.

Desde Colón hasta Guernica

La exposición El documento notarial: Del siglo XII a la Inteligencia Artificial recoge más de una treintena de archivos históricos, desde actas notariales de Cristóbal Colón, hasta una copia íntegra del acta del bombardeo de Guernica.

«Siempre se ha dicho que la auténtica historia debe buscarse en las notarías», argumenta Plácido Barrios, notario y coordinador de la muestra. «Los notarios siempre hemos estado detrás de los ciudadanos». Algunos convertidos hoy en personajes históricos y otros de quienes queda aquel reflejo de la vida y costumbres durante más de ocho siglos de historia.


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Entre los documentos expuestos, por ejemplo, se encuentran letras de cambio del siglo pasado que ejemplifican la relevancia que tuvo este método de financiación para la contratación en masa o para el acceso a la vivienda en los años 60. Un instrumento de origen medieval con el que se garantiza por escrito que el deudor pagará a su acreedor y que continuó siendo esencial en la vida mercantil a lo largo de los siglos. Como también lo fueron los populares protestos notariales, por los que se daba fe de que el pago de esa letra no se había efectuado.

El notario, testigo de la intimidad

No importa si se trata de un ciudadano o de personajes de relumbrón, cuando alguien acude a una notaría «se abren sus momentos de intimidad y el notario se convierte en ese puente a su vida privada», añade Diego Granados, decano del Colegio Notarial del País Vasco. Así es posible que hoy se conserven documentos de carácter íntimo, como un compromiso de matrimonio datado el 3 de junio de 1487 en Zaragoza, en el cual Gracián de Soria manifiesta querer contraer matrimonio con Elvira de Eniego «pero si Elvira no fuera moza virgen, no se consideraría a tomarla por esposa». E incluso contratos nupciales en los que el marido exige que su futura mujer alcance la posición de doncella antes del casamiento.

La muestra también recoge una carta de parto de finales del siglo XV en la que la viuda zaragozana Isabel de Caballería requiere la presencia de un notario en el parto de su hijo, para evitar así la suplantación del recién nacido. Usos de la época que, para el presidente del TSJPV, Iñaki Subijana, hoy son pinceladas de la vida «en una visión holística del pasado, el presente y el futuro».

Los personajes históricos como Isabel la Católica están expuestos a través de los testigos escritos que dejaron sus escribanos, en su caso con el facsímil de su testamento de octubre de 1504, como también el del dramaturgo Lope de Vega, el del conquistador Hernán Cortés y el del Américo Vespucio. La solemnidad de la muerte queda escrito a pluma en otros archivos notariales, como el del depósito del cuerpo de Cristóbal Colón en el Monasterio de Santa María de las Cuevas, en Sevilla.

Archivos notariales de últimas voluntades

Curiosamente, la muerte queda registrada en muy diferentes formas. Las pandemias ocuparon a los antiguos escribanos del siglo XIX a la hora de certificar, entre otros asuntos, que la ciudad de Málaga había quedado libre de la peste en febrero de 1800, así como los pagos de los gastos de limpieza del ayuntamiento para luchar contra la enfermedad.

Asimismo, una fe notarial de 1833 refería que el quechemarín Nuestra Señora del Carmen, que había zarpado desde Sevilla en dirección a Galicia, «se encontraba sin gobierno y a la deriva después de que tanto su patrón, como los marineros y pasajeros hubieran fallecido por el cólera», explica Barrios. «Como la historia a la novela, la realidad notarial supera muchas veces la ficción».


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El asedio de Francis Drake contra la isla de La Palma en 1585; los planos del Parque Güell de Barcelona, firmados por Antonio Gaudí en 1902; un poder de Miguel de Cervantes para proteger sus derechos de autor y proceder contra quienes quieran imprimir El Quijote; o el contrato de aprendizaje firmado por Velázquez en el que «se compromete a dar de comer, beber, casa, cama, ropa limpia y cuidar de las enfermedades que tuviera» su aprendiz de pintor.

Andrés Urrutia, presidente de la Academia Vasca de Derecho y de Euskaltzaindia, destaca uno documento por encima de todos: El acta notarial en francés del bombardeo de Guernica, el 26 de abril de 1937, publicado en el periódico Euzko Deya. «Muchos se preguntarán si de verdad hubo un notario tomando nota durante los bombardeos, pero la realidad es que, tras las comisiones de investigación de los hechos, vinieron para instrumentar los testimonios de quienes habían presenciado los hechos» y, de esta manera, mostrar la realidad del bombardeo y pedir responsabilidades.