La accesibilidad de la red y el tiempo que pasamos online no han dejado de aumentar en lo que llevamos de siglo XXI. Y con ello también el riesgo de que aparezcan conductas adictivas que pongan en jaque nuestro equilibrio físico y mental. La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha publicado este mes un informe que, por su interés, reproducimos parcialmente.
Las nuevas tecnologías digitales e Internet no han supuesto un simple progreso técnico más. Han transformado de manera profunda nuestros patrones de ocio y consumo. La forma que tenemos de relacionarnos con el mundo e incluso el modo de percibir nuestro entorno.
Por supuesto, es indudable que la red tiene muchos aspectos positivos y estimulantes. Aunque preocupan también las repercusiones sobre la salud y vida personal. Derivadas de su uso inadecuado y abusivo.
Un nuevo estilo de vida
Con independencia de que nos gusten más o menos, tiene poco sentido resistirse a los hechos. La red es hoy planetaria y juega un papel de primer orden en esferas tan básicas como el trabajo, la educación, la comunicación o la salud. Es decir, se ha consolidado ya una nueva forma de vivir en la que Internet y los dispositivos electrónicos que dan acceso a él son ubicuos y casi inevitables.
Sin embargo, al mismo tiempo, esta omnipresencia genera dudas sobre los efectos perniciosos que pueda tener tamaña exposición. Y, en concreto, inquieta que pueda estar dando lugar en algunos individuos a comportamientos de tipo adictivo.

Lo cierto es que existe controversia entre los especialistas acerca de si pueden calificarse de adicción determinadas conductas cuando no están originadas por el consumo de sustancias psicoactivas.
No obstante, aunque no se trate de la necesidad de tomar una droga, sino de la compulsión de «hacer algo» –en este caso, estar conectado o interactuar con dispositivos, redes y aplicaciones– lo que a la postre cuenta es si esa circunstancia interfiere de forma perjudicial en nuestra vida cotidiana.
Internet a todas horas
Esto sucede en el momento en que se convierte en un eje obsesivo de nuestra actividad y en un impulso cada vez más incontrolable. Cuando desvía el interés que anteriormente se tenía en otras cosas, y/o provoca sentimientos de insatisfacción y ansiedad. Y en última instancia causa alteraciones en nuestro equilibrio mental y salud física.
Resumiendo, lo que caracterizaría un uso nocivo de internet y la consecuente necesidad de tomar medidas no es tanto el tiempo pasado ante la pantalla, sino que el mismo tenga consecuencias negativas y el hecho de que, pese a ser conscientes de ellas, no seamos capaces de corregir la situación.
El que exista aún falta de consenso científico y de más estudios sobre la cuestión dificultan el diagnóstico y el tratamiento de un uso problemático o adictivo de internet.
Pero a pesar de ello, la mayoría de las investigaciones sugieren que son las personas que más nos conocen quienes mejor pueden identificar si por culpa de nuestros hábitos tecnológicos experimentamos dificultades para llevar una vida equilibrada.
Distracciones de todo tipo
Un desajuste que, según algunos especialistas, puede tener consecuencias. Como la pérdida de motivación académica y laboral, el deterioro de la vida familiar y la merma del bienestar físico y emocional. O una mayor impulsividad e incapacidad de autorregulación, dificultades de concentración y trastornos de atención e incluso depresión.

Por otro lado, mantener ciertos principios y costumbres es una forma eficaz de prevenir tales situaciones. Así, una correcta higiene de sueño, con horas regulares de acostarse y excluyendo las pantallas un rato antes de hacerlo, delimitar lugares y momentos en los que estaremos desconectados. Por ejemplo, durante las comidas.
Y buscar ratos de asueto para llevar a cabo actividades que nos sean placenteras y no tengan relación con la red o para pasar tiempo de calidad con la familia y los amigos sin la mediación de la tecnología sirven para evitar el desarrollo de conductas de carácter adictivo.
Los niños y adolescentes sufren un riesgo mayor de desarrollar conductas problemáticas respecto al uso de la red y las nuevas tecnologías. Su mismo estadio de desarrollo los convierte en presa fácil de unas aplicaciones, redes, juegos y etcétera, que están diseñados para captar la atención, sin que cuenten con los mecanismos de autorregulación propios de los adultos.
Riesgo para niños y adolescentes
Además, la red es el espacio en el que se producen situaciones que pueden ser especialmente dañinas para ellos. Bien sea el acoso digital o el grooming (es decir, intentar ganarse la confianza online de menores para conseguir entrar en tratos sexuales con ellos). Bien el ciberchantaje o la exposición a contenidos inadecuados de diverso género.
Hay que dejar claro que, tanto para menores como para mayores, utilizar Internet no es bueno o malo por sí mismo. Depende de cuánto, cómo y para qué se emplee. De hecho, hay evidencias tanto de sus efectos positivos como negativos.
Algunas fuentes señalan que un uso moderado puede ser beneficioso para los más jóvenes. Y ayudarles a ampliar su lenguaje y adquirir herramientas de aprendizaje, mejorar su autonomía y hasta fortalecer el sentido de pertenencia tan importante para los adolescentes…
Puedes leer el resto del reportaje en este enlace. Y podrás comprobar que existen valiosos portales de orientación parental, como Internet Segura 4 Kids o el desarrollado por OCU y Google «Vive un Internet Seguro».

