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«Formación, formación y formación», Enrique Sobreviela de la Vara #frentealespejo

Formación. Una palabra muchas veces repetida. Desde que empezamos nuestra vida escolar, y durante el resto de nuestra vida, estamos en instrucción continua. En el mundo profesional todos sabemos lo importante que es estar formado y enseñar a nuestros equipos, pero, ¿se le da la verdadera importancia que tiene a la formación continua de los trabajadores?

Lamento decir que no. O al menos no toda la relevancia que se debería. Solo un ejemplo: cada año, en SDS Training encontramos empresas que emplean menos de la mitad de sus créditos de Fundae para formación, e incluso compañías que no consumen nada de dichas ayudas públicas… Una pena.

Me temo que algo de culpa lo tenemos las propias empresas de formación; básicamente porque, en demasiadas ocasiones, se imparten formaciones de mala calidad que no dan ningún resultado práctico.

Pero no todo es culpa del sector. Ocurre también en muchas ocasiones que, desde la dirección de la empresa no se encuentra el tiempo necesario para ello. Es decir, siguiendo el famoso símil de afilar el hacha, no se tiene la conciencia de la verdadera importancia de dotar de formación a los trabajadores. Y así ocurre que cortamos árboles sin la herramienta adecuada, y por tanto con mucho mayor esfuerzo del que correspondería. Caso aparte es aquella falacia de «¿para qué formar a los trabajadores si luego se van a ir a otro sitio?»; en fin, sobran las palabras.

Propongo, a cambio, algunas razones para la reflexión: ¿por qué invertir tiempo y dinero en formación?

«La formación interna disuade de salir en pos de una mejor cualificación»

En primer lugar, un trabajador formado será más productivo. Un ejemplo muy sencillo y gráfico: un equipo de 10 administrativos que dedican cada uno al mes 40 horas a realizar tareas en Excel. Tras realizar una formación de 20 horas son un 25% más eficientes. Es decir, entre todos habrán ganado 80 horas al mes en productividad; es decir, 1.100 horas al año. No está nada mal, ¿verdad?

En segundo está la retención del talento. En la actualidad, uno de los principales retos a que se enfrentan las empresas es cómo impedir que los más valiosos se vayan a buscar fuera lo que no encuentran dentro. La mayoría de profesionales valora muy positivamente la formación interna (por supuesto, si esta es de calidad y útil para su puesto). La formación que la empresa ofrezca a los trabajadores, además de hacerles más productivos, ayudará a que no tengan razones para salir en pos de esa mejora en su cualificación que demandan.

Un tercer argumento a favor es la cantidad de veces que buscamos fuera lo que tenemos en casa, pero no lo sabemos. Aparte de lo que gastamos en tiempo y dinero en selecciones externas. Volviendo al ejemplo anterior, de los 10 administrativos que realizaron la formación en Excel, tenemos tres que una vez hecha esa formación, y complementando con el siguiente nivel, podrán desempeñar perfectamente tareas analíticas. Sin necesidad de pasar el proceso inevitable de adaptación a la empresa y al puesto.

Además, está la motivación. Aunque siempre decimos que no debería ser la principal razón para impartir formación, es un efecto colateral positivo sentir reconocimiento y valoración por parte de la empresa. ¿El resultado? Mayor adhesión y compromiso.

«Las formaciones son ideales para conocer a los compañeros y generar sinergias»

Y por último, ¿qué hay del conocimiento interpersonal? Se habla mucho del team building, cuando una vez tras otra comprobamos que no conocemos a nuestros propios compañeros. Las formaciones son un momento ideal para hacerlo, en un entorno distinto, y generar nuevas sinergias y relaciones entre iguales.

¿Son suficientes razones para pensar en la formación como algo que nos hará más competitivos y mejores empresas?


Enrique Sobreviela de la Vara es socio fundador de SDS Training.