Día Internacional de la Biodiversidad, cuando los parques solares dan cobijo a la naturaleza

Cada 22 de mayo, el Día Internacional de la Biodiversidad nos recuerda que la crisis climática y la pérdida de especies son dos caras de la misma moneda. Este año, los datos que llegan desde los campos fotovoltaicos españoles invitan a replantear algunos prejuicios sobre cómo puede ser la transición energética.

Y es que, cuando se piensa en un parque solar, la imagen que surge suele ser la de hectáreas de paneles alineados bajo el sol, un paisaje tecnológico y austero. Lo que raramente se imagina es un alcaraván anidando entre los módulos, una lechuza cazando al anochecer entre las hileras, o más de treinta especies de aves conviviendo en lo que, sobre el papel, parece un espacio industrial. Sin embargo, eso es exactamente lo que documentan varios estudios realizados en instalaciones fotovoltaicas de toda España entre 2021 y 2025, como reivindica la Unión Española Fotovoltaica (UNEF).

Más vida de la esperada

Los resultados son, cuando menos, llamativos. En la planta de Minglanilla, los investigadores de la consultora ambiental independiente EMAT identificaron 32 especies de aves dentro del recinto frente a las 19 registradas en parcelas de control exteriores. En Revilla Vallejera, la diferencia fue de 39 frente a 34, y en Trujillo, de 31 frente a 25. En todos los casos, el interior de la instalación albergaba mayor riqueza y abundancia de especies que el entorno agrícola circundante.

La explicación, según los propios investigadores, tiene que ver con algo tan sencillo como lo que no ocurre dentro de estas plantas: no se aplican herbicidas, insecticidas ni fertilizantes; no hay actividad agraria intensiva; la caza está prohibida y la presencia humana es mínima y controlada. El resultado es, paradójicamente, un refugio. Las cubiertas vegetales crecen con relativa libertad, los insectos proliferan, y tras ellos llegan los reptiles, los pequeños mamíferos y, finalmente, las rapaces: águilas, milanos, aguiluchos, cernícalos, buitres y lechuzas han sido avistados en distintas instalaciones.

A estas condiciones se suman medidas de gestión activa: corredores ecológicos, cajas nido y, cada vez más frecuente, el pastoreo extensivo como método de control de la vegetación, que además enriquece el suelo y favorece la estructura del hábitat.

Una evidencia que trasciende las fronteras

El fenómeno no es exclusivamente español. Investigaciones internacionales, como las desarrolladas conjuntamente por la Universidad de Cambridge y la Royal Society for the Protection of Birds (RSPB), o los estudios del National Renewable Energy Laboratory (NREL) en Estados Unidos, apuntan en la misma dirección: las instalaciones solares bien diseñadas y gestionadas pueden actuar como islas de biodiversidad en paisajes agrícolas empobrecidos.

La clave, en todos los casos, parece estar en el enfoque. No cualquier parque solar produce estos resultados; la ubicación, el diseño y, sobre todo, la gestión continua del espacio son determinantes.

Certificar la excelencia ambiental

Conscientes de que estos resultados positivos no son automáticos, algunos actores del sector han impulsado marcos de referencia para garantizar que las buenas prácticas se convierten en estándar y no en excepción. En España, la UNEF ha desarrollado un Sello de Excelencia en Sostenibilidad, elaborado junto a expertos independientes y con el respaldo de organizaciones como WWF y SEO/BirdLife. El sello establece criterios concretos: conservación de hábitats, creación de corredores ecológicos, uso de vegetación autóctona y seguimiento ambiental riguroso.

La iniciativa apunta a algo más ambicioso que la mera compensación de impactos: plantea que la generación de energía renovable y la regeneración ambiental pueden —y deben— ir de la mano.

Una transición que también repara

El Día Internacional de la Biodiversidad, promovido por Naciones Unidas precisamente para visibilizar la gravedad de la pérdida de especies, llega este año con un mensaje algo más esperanzador de lo habitual desde el sector energético. Los datos sobre el terreno sugieren que, cuando se hace bien, la energía solar no solo no daña el entorno natural: puede contribuir activamente a su recuperación.

Es, en cualquier caso, una oportunidad que merece ser tomada en serio. La superficie dedicada a instalaciones fotovoltaicas en España seguirá creciendo en los próximos años. Lo que ocurra dentro de esos recintos —si florecen o si se asfixian— dependerá de las decisiones que se tomen hoy.