La transición energética en España afronta una nueva etapa en la que el desarrollo de las energías renovables debe ir acompañado de cambios en el funcionamiento del sistema eléctrico. La electrificación de la economía, el despliegue del almacenamiento, la adaptación del mercado y la capacidad de las redes para integrar nuevos consumos se sitúan entre los principales desafíos para el periodo 2025-2030.
Estas son algunas de las cuestiones que pone sobre la mesa el informe anual de la Unión Española Fotovoltaica (UNEF), elaborado con la colaboración de la Universidad de Castilla-La Mancha bajo el título Desafíos de la segunda fase de la transición energética (2025-2030). En el que dichos organismos analizan la evolución del sector energético y los factores que condicionarán el aprovechamiento de las fuentes renovables durante la segunda mitad de la década.
A este respecto, señala que el crecimiento de las energías renovables ha modificado progresivamente la estructura de generación eléctrica en España y en el conjunto de Europa. La incorporación de nueva capacidad de producción ha reforzado el peso de estas tecnologías en el suministro y ha contribuido a reducir la exposición a los costes de los combustibles fósiles en determinadas franjas horarias.
Sin embargo, la disponibilidad de electricidad renovable no garantiza por sí sola su aprovechamiento económico e industrial. La generación debe acompasarse con la demanda, la capacidad de las infraestructuras y las necesidades de consumo de los distintos sectores productivos.
Esta cuestión resulta especialmente relevante en un sistema con una presencia creciente de generación renovable variable. En las horas de elevada producción y menor consumo, los precios mayoristas pueden situarse en cero o registrar valores negativos. Este fenómeno refleja la necesidad de adaptar el funcionamiento del mercado eléctrico a una estructura de generación diferente de la que predominaba cuando las tecnologías convencionales tenían mayor peso.
La electrificación, clave para impulsar la demanda
Uno de los principales retos identificados por UNEF es extender la electrificación de los usos finales de la energía. El objetivo pasa por incrementar el consumo eléctrico en actividades que todavía dependen, en buena medida, de combustibles fósiles, así como facilitar la aparición de nuevas demandas vinculadas al desarrollo económico.
Entre los ámbitos con mayor potencial figuran la industria, la movilidad eléctrica, los centros de datos, la producción de hidrógeno y las instalaciones de almacenamiento. El desarrollo de estas actividades requiere disponer de conexiones a la red, infraestructuras adecuadas y condiciones que permitan acceder a electricidad competitiva.
La incorporación de nuevos consumos puede contribuir a aprovechar mejor la generación renovable disponible, reducir la dependencia energética exterior y favorecer la implantación de actividades industriales. Para ello, la planificación de la demanda y el desarrollo de las redes deben avanzar de forma coordinada.
Un mercado eléctrico adaptado a las nuevas necesidades
La evolución del sistema exige revisar determinados mecanismos de mercado y los incentivos asociados a los servicios que necesita la red. Entre las cuestiones señaladas por UNEF figuran la gestión de las restricciones técnicas, la regulación de tensión, la financiación de proyectos y el impulso de la hibridación de instalaciones existentes.
La adaptación del mercado deberá facilitar la integración de las renovables y ofrecer señales económicas compatibles con las necesidades de inversión y flexibilidad del sistema.
Durante el periodo 2025-2030, la coordinación entre generación, redes, almacenamiento y demanda será determinante para transformar la disponibilidad de recursos renovables en un suministro eléctrico competitivo y capaz de respaldar la actividad industrial y la electrificación de la economía.
Fuente: UNEF.

