Según publica en su blog Grupo Olmata, siguen existiendo creencias populares respecto a la alimentación que llevan a mucha gente a error. Muchas de ellas están equivocadas, o han demostrado no tener una base científica que las respalde. Se trata de aforismos y sentencias que se van transmitiendo, generación tras generación, y que en realidad no son ciertos, pero que se dicen y llevan a la práctica sin preguntarse por su verosimilitud. Lo dicho: tratándose de alimentación, no hay que creer todo lo que se escucha y lee.
Tal y como publica Grupo Olmata en su blog, podría hacerse un auténtico ranking con la popularidad de las creencias más disparatadas, o las menos ciertas científicamente hablando. Pero baste repasar unas cuantas. Ojo: que pocos hay libres de pecado, de no haber creído o seguido alguna, por lo menos en algún momento de su vida.
El pan engorda
Una de las creencias populares alimenticias por excelencia. El meme llega a decir que es falso, porque «el que engordas eres tú». Lo cierto es que el pan no engorda, o por lo menos no en exceso, ya que es pobre en grasa y rico en hidratos de carbono; por lo que es una buena fuente de energía.
Ahora bien, depende de la cantidad que se consuma en función de la estatura, peso, ejercicio realizado… El pan no es excesivamente calórico, pero hay que evitar los panes industriales y apostar por los artesanales, elaborados con fermentos naturales y harinas de calidad.
El huevo aumentan el colesterol
Durante décadas se ha asociando directamente la ingesta de huevos al aumento de los niveles de colesterol. De hecho, en 1973, la Asociación Americana del Corazón limitó su consumo a tres huevos por semana como máximo para cuidar la salud cardiovascular. Hoy en día cada vez hay más respaldo científico a la idea de que el colesterol proveniente del huevo apenas afecta al colesterol sanguíneo.
Y por otro lado, las ventajas de su consumo superan a esos supuestos perjuicios: tiene compuestos como ácidos grasos insaturados, antioxidantes (carotenoides, vitamina E, selenio), fosfolípidos (lecitina y esfingomielina), vitaminas del grupo B y folato.
Mejor no beber agua mientras se come
Una creencia que podría provenir de la supuesta retención de líquidos. Aunque el agua no contiene calorías, por lo que, si se toma antes, durante o después de cualquier comida se ingieren cero calorías. Además, tampoco es cierto que provoque retención de líquidos; todo lo contrario, pues estimula el funcionamiento de los riñones y contribuye a un buen equilibrio hídrico.

De hecho, la ingesta de agua durante las comidas puede reforzar los efectos de una dieta de adelgazamiento, ya que puede hacer que coma menos porque se llena el estómago y provoca que se sacie antes. Lo dicho: siempre es recomendable beber agua a cualquier hora del día, pero como todo, de una forma pausada y relajada.
El zumo pierde vitaminas si tardas en beberlo
¿Quién no ha escuchado de sus mayores la frase «¡Tómate el zumo rápido que se le van las vitaminas!”? La vitamina C es hidrosoluble, es decir que se puede disolver en agua, y no es una de las vitaminas más estables, oxidándose rápidamente por la luz o la temperatura ambiente. Así que esa teoría de que “pierde las vitaminas” se debe de basar en la oxidación.
Pero no es así, pues la sustancia que se genera con la oxidación de la vitamina C es el ácido dehidroascórbico, que sigue teniendo las mismas propiedades que la vitamina C. Sólo podría perder las vitaminas en condiciones extremas, como si se calienta a 120º. Así que no hay que preocuparse: lo único es que el sabor puede variar ligeramente y volverse algo amargo.
Puedes leer el resto de este interesante artículo sobre que, en alimentación, no hay que creer todo lo que se escucha, pinchando este enlace del blog de Olmata.

