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«El afán honrado de buscar la verdad», Vicente Gil-Lázaro #frentealespejo

Este 2019 cumplo tres décadas en el periodismo y la comunicación. Cuando empecé, allá por el año 1989, redactábamos en máquinas de escribir, con papel de calco, y los teletipos escupían rollos de papel estrecho que invadían el suelo de redacciones. Por cierto, llenas de humo. Escribir y fumar –por entonces– parecía uno. Siempre había algún becario para cortar aquellos teletipos y repartirlos por secciones. Eso ya imprimía carácter y ayudaba a formar criterio: lo que era noticia y lo que no.

Echo la vista atrás, y me doy cuenta de que fui un privilegiado. Di con mis huesos de estudiante en Antena 3 Radio. Una escuela irrepetible en lo que a raza, experiencia y talento joven se refiere. Y libertad. No nos “casábamos” con nadie. Ofrecíamos noticias veraces y opiniones independientes en aquel duro entorno del llamado “felipismo”. Aprendí bien pronto que las presiones formaban parte de nuestro trabajo. Y superarlas, nuestra obligación.

Llegaba al periodismo cargado de vocación y romanticismo. No tuve jefes, tuve maestros, en Manolo Martín Ferrand, José María García, Antonio Herrero, Consuelo Sánchez Vicente, Manolo Marlasca (padre), Santiago Amón, José Cavero, Federico Jiménez Losantos, Ana Rosa Quintana, Luis Herrero, Miguel Ángel García Juez, Miguel Ángel Nieto, Carlos Pumares, el Dúo Gomaespuma…

Aquella redacción de la calle de Oquendo, 23 (junto a la de Velázquez) era pura vida; día y noche. Solo estar allí, horas y horas, era ya vivir plenamente el sueño de este oficio. Aprendí con todos ellos a buscar noticias y contrastarlas, a tener criterio y a defenderlo con ahínco ante ellos mismos. A ser libre. Porque no hay periodismo sin libertad.

«Aprendí con maestros a tener criterio, y a defenderlo con ahínco ante ellos mismos»

Ellos cuidaron de mí para que pudiera serlo, frente a presiones y amenazas, que las hubo y muchas (como las ha habido siempre; no hay que escandalizarse). Pero resistieron. Nuestro gran valor era simple: hacer periodismo y solo periodismo.

Me movía el afán de ser testigo y contar las cosas que pasaban, buscando la verdad con honradez, con sentido de la justicia, dando voz a los que no la tenían, pensando en los más débiles antes que en los poderosos.

Jamás he renunciado a esos principios. He pasado por todo tipo de medios: Antena 3 TV, la NBC americana, Radio Voz, Televisión Española, Telemadrid… Cubrí años de guerras en Europa (Eslovenia, Croacia, Bosnia…) y en África (Liberia, Sierra Leona, Zaire, Congo…) o conflictos en América (Colombia, Cuba…).

Vi la faz más vil del ser humano y sus mayores grandezas. Conocí personalmente a lo peor de este planeta (Slobodan Milosevic, Pablo Escobar, Fidel Castro, la cúpula de ETA…), pero también a tantísimas personas buenas; héroes silenciosos, en los lugares más perdidos de nuestro mundo. O aquí mismo, a nuestro lado.

El periodismo me ha dado la oportunidad de vivir una vida intensa. De vivir “jugando a ser Tintín”: ser niño hasta hoy, cumpliendo un sueño. Ha sido mi gran amor y mi vida.

«He cubierto a mis equipos para que trabajaran en libertad, como hicieron conmigo»

Me ofrecieron libros (Bosnia, ETA…) y siempre dije: «Solo soy periodista, no escritor». No aspiraba a más. O sí. A enseñar lo que aprendí. Y a que mis equipos sintieran que crecían; a cubrirles para que trabajaran en libertad, como hicieron conmigo, le pesara a quien le pesara. A que no perdieran –al menos tan pronto– su sueño.

Ya no hay humo en las redacciones, ni rollos de teletipo. Ahora Google sustituye al reportero que busca noticias en la calle. Y cuanto más “periodismo” veo en algunos medios, veo también a la par los sueldos-basura que pagan, y las condiciones infames en las que tienen a sus jóvenes periodistas… Los enormes intereses que cubren el afán honrado de buscar la verdad.


Vicente Gil-Lázaro es periodista.