Vítaly explica cómo implantar el uso de exoesqueletos en el trabajo de forma segura y eficaz

Cada vez son más las evidencias científicas que demuestran que los exoesqueletos no robotizados, cuando se eligen y utilizan correctamente, tienen capacidad para reducir significativamente la carga física sobre las personas trabajadoras, especialmente en la zona lumbar y en los miembros superiores. Así lo explica Silvia Mallor Burriel, directora técnica del área de Ergonomía en Vítaly, quien advierte que la introducción de estos dispositivos en un entorno laboral no es un proceso neutro.

Incorporar un exoesqueleto en un puesto de trabajo implica modificar las condiciones en las que se ejecuta la tarea”, señala Mallor. Según la experta, esta alteración afecta directamente a las condiciones de seguridad y salud, y en determinadas circunstancias puede generar nuevos riesgos que deben ser identificados y gestionados antes de que el dispositivo llegue a manos del trabajador.

Por ello, desde Vítaly defienden que el proceso de implantación debe abordarse de manera sistemática y documentada, siempre orientado a la mejora real de la salud de las personas.

Un programa estructurado en dos proyectos

Para garantizar ese rigor, la compañía ha desarrollado el Programa Exos Vítaly, que articula el proceso en dos grandes proyectos diferenciados.

El primero, denominado Proyecto 1. Implementación, abarca todo el recorrido desde el análisis inicial hasta la puesta en marcha del dispositivo. Comprende una fase previa de preparación, la identificación y análisis de las tareas susceptibles de mejora, la selección del exoesqueleto más adecuado para cada caso, la verificación de su idoneidad mediante una implantación inicial controlada, la implantación definitiva y, finalmente, el seguimiento cualitativo de la experiencia de uso. Al término de esta fase, la empresa recibe un informe completo con resultados, conclusiones y recomendaciones.

El segundo, Proyecto 2. Validación del impacto Exos, está diseñado específicamente para medir de forma cuantitativa el efecto real del dispositivo. Mallor subraya la necesidad de este paso: “Los métodos de evaluación ergonómica clásicos no están preparados para valorar qué beneficios aporta un exoesqueleto”. Por eso, la validación debe contemplar tres dimensiones: la fisiológica —activación muscular y frecuencia cardíaca—, la biomecánica —desviaciones articulares y momentos de fuerza— y la subjetiva —la percepción de quienes lo utilizan—. El diseño concreto de esta fase se adapta en cada caso al tipo de tarea, al número de personas implicadas y a las condiciones ergonómicas que se quieran evaluar.

Para quienes deseen profundizar en la materia, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) cuenta con dos Notas Técnicas de Prevención de referencia: la NTP 1162, dedicada a la definición y clasificación de exoesqueletos, y la NTP 1163, centrada en los criterios para su selección e integración en la empresa.

Fuente: Vítaly.