«OpenAI, la madre de los GPT, o la desaparición del desarrollo de software como lo conocemos», Julián Gómez #frentealespejo

Julián Gómez #frentealespejo

OpenAI tiene en marcha una iniciativa que va a cambiar todo el paradigma de desarrollo de aplicaciones tal como lo conocemos hasta el momento. Y puede llegar a suponer la desaparición de gigantes como Google o Apple, si no son capaces de reaccionar a tiempo.

Permitir la creación de tus propios asistentes, tus propios GPT, a los que los alimentas con tu propio conocimiento. El Copilot para el desarrollo de software, momento desde el que ya no hace falta conocer un lenguaje de programación, sino que realizando descripciones de lo que quieres el asistente te lo da. Lo que se dice una revolución, por muy manida que esté la palabra.

Y todo esto genera muchos beneficios a la empresa que sepa colocarse primera en esta competición por el marketplace de aplicaciones con inteligencia artificial. Imagina un negocio con la capacidad de crear aplicaciones y soluciones solo con pedirlas; algo muy radical. Pero como todo cambio tecnológico debemos ayudarle a que aporte todo lo que puede y no se quede en una promesa vana.

Hoy en día, todos los coches disponen de frenos ABS para mejorar la seguridad de estos. ABS significa anti-lock braking system o sistema de frenos antibloqueo. La función que desempeñan es que, durante la frenada, el conductor del vehículo no pierde el control del mismo y puede seguir esquivando obstáculos a la vez que frena.

«La propia compañía que necesita mejorar a través del software, y aprovechar las ventajas que ofrece la inteligencia artificial, debe ocuparse en comprobar que realmente los desarrollos están siendo más efectivos y baratos».

Como otras ventajas, el vehículo no derrapará cuando se pisa el freno hasta el fondo y se llega a reducir hasta un 15% la distancia necesaria para completar la detención del auto.

Eso lo podemos afirmar hoy con seguridad, pero en los años 80, cuando comenzaron su utilización, las compañías no estaban seguras de que ayudaran a una mejor conducción, y para ello una compañía alemana de taxi llevó a cabo el siguiente estudio.

Separó a sus conductores en dos grupos, uno en el que llevarían frenos ABS y otro en el que no los llevarían instalados. A los conductores del grupo del ABS les indicaron que eran un sistema nuevo, más seguro, que les permitirían ganar en confianza en las curvas y que lograrían evitar más accidentes.

Lo que no dijeron a ninguno de los dos grupos es que dispusieron una serie de sensores y controles en los coches para recopilar información de cómo iban funcionando. Tras tres años de estudios las conclusiones fueron difíciles de encajar.

Los resultados fueron paradójicos. Se esperaba que, al contar con una tecnología más segura, el número de accidentes disminuyera. Pero no fue así: se mantuvo en los mismos niveles. Además, la media de velocidad aumentó; es decir los conductores circulaban más rápido en los coches con ABS por lo que se exponían a peores consecuencias en los accidentes.

«Compararte con el mercado, realizando un benchmarking para conocer tu situación con respecto a los competidores, te da la perspectiva correcta».

Las conclusiones fueron claras. Los conductores, al sentirse más seguros, porque contaban con el respaldo de la tecnología, cometían un mayor número de imprudencias, evitando así los beneficios directos de la propia tecnología.

La moraleja que nos deja que nos deja la historia de los frenos ABS es el lema del viejo anuncio de Pirelli: la potencia, sin control, no sirve de nada. Por el hecho de tener una tecnología que promete conseguir que los desarrollos de software sean más productivos y cuesten menos, no significa que los equipos desarrollos vayan a aprovecharla de la forma más adecuada.

La propia compañía que necesita mejorar a través del software, que necesita optimizar su funcionamiento mediante la incorporación de las ventajas que ofrece la inteligencia artificial, debe ocuparse en comprobar que realmente los desarrollos están siendo más efectivos y baratos. Y para ello, compararse con el mercado, realizar un benchmarking para conocer su situación con respecto al resto, les dará esa perspectiva correcta.

Dirigirse a una fuente fiable, a una base de datos con referencias de proyectos que les permitan realizar esa comparación. Y tener así una visión correcta de lo que hacen, tanto en productividad, como en coste, como en calidad. Lo cual sí que les permitirá sacar beneficio de la inteligencia artificial de la forma más adecuada posible.

Si no lo hacen así, probablemente nos encontremos con que nuestros pilotos de software cogen las curvas a más velocidad y con mayor probabilidad de tener un accidente.


Julián Gómez es Chief Digital Officer de LedaMC.