Hace dos años tomé una de las decisiones más importantes de mi carrera profesional: dar el salto de las grandes multinacionales a una empresa familiar. Veinticuatro años acumulando experiencia, formándome en entornos exigentes, aprendiendo de culturas corporativas distintas, construyendo relaciones y, sobre todo, entendiendo que en este sector lo que verdaderamente marca la diferencia no son los procesos ni los sistemas, sino las personas.
Y entonces llegó Multianau.
Lo que encontré aquí no lo había encontrado antes: un proyecto con alma. Una empresa que nació en 1999 con vocación familiar y que, sin perder esa esencia, ha sabido crecer con ambición, con rigor y con una visión clara de hacia dónde quiere ir. En estos dos años hemos más que duplicado el equipo, hemos abierto nuevas delegaciones, hemos firmado contratos que hace poco habrían parecido inalcanzables, hemos digitalizado procesos, hemos fortalecido el área operacional y comercial, y nos hemos convertido en una empresa referente en el sector. No es un crecimiento cualquiera. Es una transformación.
Lo que encontré aquí no lo había encontrado antes: un proyecto con alma.
Y todo esto no habría sido posible sin las personas que han formado parte de este camino.
Quiero agradecer a Juan Carlos Maté y a todo el equipo de Caralin Group por su acompañamiento, su visión y su confianza. Son de esas personas que suman desde el primer momento y que entienden que construir algo grande requiere tiempo, compromiso y coherencia.
Quiero agradecer a los compañeros que trabajaron conmigo en etapas anteriores y que, cuando llegó el momento, decidieron continuar este camino juntos. Ese gesto, aparentemente sencillo, es en realidad uno de los más valiosos que puede recibir un profesional. La lealtad no se compra ni se exige. Se gana. Y ellos me la han regalado.
Quiero agradecer a los clientes que confiaron en mí y quisieron acompañarme en este nuevo proyecto. Confiar en una persona por encima de una marca es un acto de fe que no olvido y que me obliga a seguir dando lo mejor de mí cada día.
Cada obstáculo afinó el criterio, reforzó la determinación y dejó muy claro quién estaba para sumar y quién no.
Y quiero agradecer también, cómo no, a la familia Cosculluela —a Multianau en su esencia más profunda— por haberme dado la oportunidad de formar parte de algo más que una empresa. Por haberme demostrado que se puede crecer sin perder los valores, que se puede competir con las grandes sin dejar de ser humanos, y que una empresa familiar bien construida es, en muchos sentidos, el modelo más sólido que existe.
A todos los que han creído en mí: gracias.
Y a los que en algún momento intentaron frenar este camino, cambiar el rumbo o sembrar dudas: lo hicieron, y les estoy agradecido también. Porque cada obstáculo afinó el criterio, reforzó la determinación y dejó muy claro quién estaba para sumar y quién no. El tiempo, siempre, pone a cada uno en su lugar.
Veintiséis años después, sigo aquí. Con más claridad que nunca, con un equipo extraordinario y con la convicción de que lo mejor está por venir.
Daniel Marcos es director Comercial y Marketing en Multianau Facility Services.

