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«La imagen de tu empresa es un vendedor permanente», Raquel Martín #frentealespejo

Me gusta beber vino. Blanco, por dar más detalles. No soy una gran experta, ni mucho menos, aunque he hecho mis cursos de cata por aquello de “estar puesta”. Lo que entendí enseguida es que era una tontería, pues los vinos los sigo clasificando como “los que me gustan” y los “que no me gustan”, con independencia de su lágrima, su color o su acidez.

Cuando voy a la tienda y me sitúo delante del lineal para elegir algún vino que no haya probado, al final suelo decidirme por la etiqueta de la botella. Quizá sea deformación profesional.

Tengo un estudio de diseño gráfico, A2Colores, y por supuesto creo en el poder de la marca, en la importancia de una buena imagen y en el retorno de la inversión de la publicidad de las empresas.

Tal vez mi manera de elegir el vino para la cena sea solo deformación profesional. Pero igual no es sólo eso, y el diseño de la botella, el estilo de la etiqueta y el acabado de su impresión sean determinantes en la decisión de compra. ¿No os parece?

El lineal del supermercado es un reflejo del mercado en general. Lleno de opciones, muchísimas categorías distintas de vino –como clases diferentes de empresas hay en la economía–, iguales en esencia, diferentes en los pequeños detalles.

«Empresas, como vinos, hay muchas. Iguales en esencia, pero diferentes en los pequeños detalles»

En el mundo empresarial muchas compañías podrían parecer iguales; pero si indagamos en ellas es posible que existan grandes diferencias. Por ejemplo, en lo que al servicio se refiere. Distinciones que van más allá del precio, que es lo que en muchas ocasiones nos lleva a decidir entre una u otra marca.

Pero, ¿qué elemento tenemos para ayudarnos a decidir qué empresa elegir para la organización de nuestro viaje, para que nos asesore sobre nuestras finanzas o para realizar la compra semanal de nuestro hogar? Seguro que, en primer término, la imagen que cada empresa proyecta será, sin duda, uno de los factores determinantes.

Como en el lineal de vinos del supermercado. Miraremos la etiqueta y el diseño en general de la botella, y asumiremos que lo que dicha empresa proyecta a través de su imagen son ese valor añadido que estábamos buscando para satisfacer nuestra necesidad.

Por supuesto, todo cambia cuando has probado un vino determinado; o si alguien te recomienda un caldo concreto. Como cuando pruebas un servicio o un producto cualquiera de una empresa. Quizá entonces su imagen no sea primordial, porque el servicio, la calidad del producto, la tecnología que te ofrece… hablen ya por sí mismos.

Pero la imagen que transmite una empresa a través de su logotipo, de su imagen corporativa, es el primer filtro que va a determinar la decisión de compra de un usuario que está buscando un producto o servicio.

Una buena imagen corporativa puede ayudar a una empresa a diferenciarse, a posicionarse y además de un modo positivo en la mente del consumidor; a establecer precios más elevados por su producto o servicio.

«Una buena imagen corporativa ayuda a diferenciarse, a posicionarse en la mente del consumidor»

Un detalle tan simple, como unas buenas carpetas corporativas, pueden marcar la diferencia en cómo nuestro cliente percibe el presupuesto que va dentro –«vaya, esta empresa parece seria…»–, frente a la entrega directa de una simple hoja de papel con la propuesta económica. Por no hablar de la imagen de profesionalidad que puede generar, o no, el logotipo de un negocio, su página web o la rotulación de sus furgonetas.

¿Verdad que te ha ocurrido, y más de una vez, el pensar que el servicio de una empresa será de una determinada calidad en función de alguno de estos elementos?

Pues nada, si nadie me recomienda hoy un vino, me iré al lineal del supermercado a mirar etiquetas para elegir cuál probaré este fin de semana. Y con total seguridad elegiré el de una bodega que haya invertido en creación de imagen. Llamadlo deformación profesional…


Raquel Martín es socia-fundadora de la agencia A2Colores.