El 14 de julio de 1789, una multitud parisina hambrienta e indignada por la subida del precio del pan se dirigió en masa a la Bastilla, a liberar a los presos allí recluidos. El monarca francés, Luis XVI, se despertó molesto por el ruido y le preguntó a su ayuda de cámara: «¿Qué es esto, una revuelta?». La respuesta fue: «No, sire. Es la revolución».
En el ámbito de las empresas, como en el de la economía y la política, estamos en una revolución, no por más silenciosa que la de 1789 menos importante: la del liderazgo femenino abierto. Queremos insistir en que este concepto, acuñado por Imelda Rodríguez Escanciano, la que fuera rectora universitaria más joven de la historia de España, incluye un doble adjetivo: es femenino, porque incluye una serie de características más propias de las mujeres; es abierto, porque también los hombres, si se entrenan adecuadamente, pueden ejercerlo. Y revoluciona el liderazgo porque, en las pymes como en todo tipo de organizaciones, quien no gestione a sus colaboradores de esta forma simplemente no dispondrá de talento, con sus inevitables consecuencias sobre el compromiso, la productividad, la competitividad y la rentabilidad.
Nuestro libro La disrupción del liderazgo femenino comenzó en marzo de 2020, con la pandemia. En ese momento, la editora de Forbes, Avivah Wittenberg-Cox, publicó un esclarecedor artículo sobre economistas que estaban transformando la Economía, habitualmente considerada “una ciencia lúgubre”. Una profesora italiana estaba reinventando la Teoría del Valor (“todo necio confunde valor y precio”, Machado). Una francesa, Premio Nobel, reconceptualizó la pobreza. Una británica, perteneciente a Oxfam, reconsideró el crecimiento. Una estadounidense replanteó el mito del déficit público, y una venezolana redefinió el papel de la tecnología.
«Las investigaciones demuestran que las empresas que cuentan con mujeres directivas funcionan mejor y obtienen mejores resultados».
Sí, son todas mujeres estas seis guerreras. Sus planteamientos cambian para siempre lo que pensamos porque marcan la economía del talento en un mundo como el actual, en el que el talento es el motor de transformación por excelencia.
Tres meses después, Avivah volvió a abrirnos los ojos, esta vez sobre los gobernantes que en el mundo mejor habían gestionado la pandemia: la canciller Angela Merkel, líder de la Unión Europea; la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-Wen; la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern y las primeras ministras de Finlandia (Sanna Marin), Dinamarca (Kartrin Jacobsdottir), Dinamarca (Mette Frederiksen) y Noruega (Erna Soldberg). Sí, todas mujeres. Este éxito no podía ser casualidad.
¿Cuáles son los pilares del liderazgo femenino abierto? Básicamente, cuatro. La empatía, entendida de forma activa como la capacidad de ponernos en el lugar del otro (muy conectada a la oxitocina, la hormona del cariño). La influencia honesta, no por el cargo que ostentas, sino por tu autoridad moral, por tu credibilidad, por tu ejemplo. La iniciativa emprendedora, sea por cuenta propia o ajena: iniciativa, resiliencia, perseverancia. Y la humildad, que significa no creerte más que los demás y seguir aprendiendo y mejorando continuamente.
«El liderazgo femenino abierto es un poderoso atractivo de talento, porque las personas, especialmente las más jóvenes, se sienten atraídas por un propósito y una buena reputación».
Estas cuatro cualidades femeninas se sustancian en dos bloques, el de la firmeza compasiva (la firmeza del propósito, de los valores, de nuestra visión y misión) y el de la autenticidad visible, poniendo en valor lo que hacemos desde la coherencia, la honestidad y la integridad. Las investigaciones demuestran que las empresas que cuentan con mujeres directivas funcionan mejor y obtienen mejores resultados.
El liderazgo femenino abierto es un poderoso atractivo de talento, porque las personas, especialmente las más jóvenes, se sienten atraídas por un propósito y una buena reputación. Fideliza el talento, porque el 70% de las personas que abandonan una pyme lo hace de malos jefes. Y desarrolla el talento, porque el 90% del aprendizaje de una pyme parte del valor que le concede a aprender y mejorar quien la dirige. Los datos son incontestables.
Estamos a tiempo. O practicamos el liderazgo femenino abierto o, como el monarca en la Revolución Francesa, los mercados acabarán con nosotros. Cuando un@ sabe lo que hay que hacer, es la valentía (o la falta de ella) lo que marca la diferencia.
Zoe y Juan Carlos Cubeiro son autores de La disrupción del liderazgo femenino (LID Editorial).

