«Las vicisitudes del pequeño empresario», Antonio Bonet #frentealespejo

Antonio Bonet #frentealespejo

Al releer las historias que he incluido en mi reciente libro Empresarios. Entre tormentas y éxitos he vuelto a identificarme con los protagonistas de mis relatos: pequeños y medianos empresarios. No solo es que haya recordado sus historias, las que me contaron o las que he vivido con ellos, sino que he recordado situaciones similares por las que he pasado en mis aventuras empresariales.

No puedo dejar de identificarme con el vértigo que sintió Inés cuando firmó su primer gran contrato, el que permitió que su empresa pasara de ser una simple pequeña subcontratista a negociar directamente con clientes finales. Ese contrato posicionó a su empresa para negociar directamente con estos y a subcontratar parte de los trabajos. Inés describía esa situación como tirarse con una bici sin frenos por una cuesta abajo, sabiendo que si era capaz de superar esa prueba no habría carrera que se le resistiría.

Su empresa era diferente de la mía, pero también sentí vértigo cuando acepté mi primer gran contrato, mayor que ningún otro que hubiera ejecutado hasta ese momento. Los recursos que tenía mi empresa para llevar a buen fin este proyecto eran muy justos, pero sentía confianza en que lo lograría satisfactoriamente. Los empresarios tenemos que arriesgar si queremos crecer; va en nuestro ADN.

Los protagonistas de esta colección de relatos, cuyo subtítulo es Relatos de luchas, logros y emociones son todos pequeños o medianos empresarios; dueños de restaurantes, de academias de formación, fabricantes de muebles, o de pequeños bienes de equipo. Son anónimos. Nadie habla de ellos, ni salen en la prensa. Todas estas historias son reales.

«A lo largo de mi vida empresarial –creé mi primera empresa hace 35 años– yo también he sentido ilusión, satisfacción, cansancio, o soledad. Los empresarios no somos diferentes a las demás personas…».

A lo largo de mi vida empresarial (creé mi primera empresa hace 35 años) he vivido situaciones similares a las de mis protagonistas, aunque las empresas, los negocios y las circunstancias fueran diferentes. Igual que ellos, yo también he sentido ilusión, satisfacción, cansancio, o soledad. Los empresarios no somos diferentes a las demás personas.

No somos explotadores sin escrúpulos cuyo único objetivo es enriquecernos. De hecho, igual que ocurre con cualquier otra profesión, hay algunos que no son buenas personas. Pero también hay trabajadores que abusan de los derechos que tienen legalmente reconocidos, y no por eso pensamos que todos son unos zánganos.

Como decía al principio de estas líneas, al releer estos relatos verídicos, pero novelados me he vuelto a meter en la piel del protagonista. Todos los que hemos tenido un negocio abierto al público nos identificaríamos con David, que no tuvo más remedio que cerrar su pequeña tienda durante la pandemia por imperativo legal. Le angustiaba que ese cierre se convirtiera en definitivo por no tener suficientes reservas para aguantar esa adversidad inesperadamente sobrevenida. «¿De qué voy a vivir?», se preguntaba. «¿Cómo voy a mantener a mi familia?». Aunque llevaba una vida austera, el sueldo de su mujer no era suficiente para cubrir sus gastos familiares y él, que hacía muchos años que no trabajaba por cuenta ajena, difícilmente encontraría un trabajo.

Los empresarios arriesgamos nuestro patrimonio y, si las cosas no salen bien, podemos arruinarnos. El éxito empresarial no depende únicamente de nuestro buen hacer gestionando la empresa. ¿Cuántas han tenido que cerrar debido a crisis inesperadas o por no tener suficientes reservas para la travesía del desierto?

«Los empresarios somos personas, que sentimos ansiedad, frustración, ilusión o euforia. Y que a todos nosotros nos apasiona el reto de crear, de producir un bien o un servicio, venderlo y sacar a nuestra empresa adelante».

Afortunadamente somos muchos los que hemos conseguido sacar adelante a nuestras empresas, lo que nos ha permitido contratar a más trabajadores, pagar impuestos, … en definitiva crear riqueza. Sin empresas no tendríamos un estado de bienestar como el que disfrutamos. ¿Cómo se pagarían los sueldos de policías, jueces, profesores o profesionales de la sanidad pública?

En España mucha gente denuesta a los empresarios, bien por desconocimiento, bien por prejuicios infundados. En este libro de relatos reivindico al empresario contando sus problemas y las situaciones por las que atraviesa más que las posibles soluciones. No hay moralejas finales. Cada caso tiene un desenlace diferente.

Lo único común a todos, y el lector así lo entenderá, es que los empresarios somos personas, que sentimos ansiedad, frustración, ilusión o euforia. Y que a todos nosotros nos apasiona el reto de crear, de producir un bien o un servicio, venderlo y sacar a nuestra empresa adelante.


Antonio Bonet Madurga preside el Club de Exportadores e Inversores Españoles y es autor de Empresarios (LID Editorial).