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Claves a tener en cuenta al contratar una investigación privada

Como ya hemos explicado más de una vez, el detective privado real no se asemeja lo más mínimo al tópico ex policía de las series de televisión: misógino, semialcohólico, agobiado por las deudas o por su pasado tortuoso… Antes al contrario, se trata de un profesional de cuya competencia echar mano para cualquier asunto que requiera de una investigación exhaustiva y profesional, que arroje evidencias que puedan ser empleadas ante un tribunal de justicia.

Así, sea por cuestiones de ámbito personal (tales como infidelidad de la pareja, incumplimientos en la custodia de los hijos, ciberacoso, búsqueda de personas desaparecidas…) o por temas de carácter empresarial (bajas fraudulentas, seguimiento de trabajadores por espionaje industrial, informes de cliente misterioso, ciberseguridad…), «hay toda una larga serie de circunstancias en las que resulta conveniente y muy eficaz contratar los servicios de un detective privado, cuyos resultados finales a buen seguro van a resolver la situación planteada: sea porque “hay caso” o precisamente porque no existe de qué preocuparse. Que muchas veces tan mala es la evidencia real como la angustiosa incertidumbre del no saber», señala el director general de Fox Consulting, Guillermo Rocha.

Es probable no pocos piensen que jamás se va a producir en sus vidas una serie de circunstancias que le ocasionen la necesidad de contratar una investigación privada. Curiosamente, la realidad es tan variopinta e imprevisible que a medida que avanzan los tiempos la sensación de seguridad es cada vez menor, y cuando no es para proteger a los hijos de los peligros de la red es para evitar que al negocio le puedan perjudicar actitudes poco éticas o incluso abiertamente ilegales.

Contratar una investigación privada

Así que sí, los servicios de los investigadores privados son cada vez más necesarios y requeridos. Y por fortuna eso hace que la tarea cotidiana del detective vaya siendo vista con mayor normalidad y la labor de estos profesionales comience a ser considerados como un servicio profesional igual a tantos otros.

Es preciso recordar que, como Guillermo Rocha ha explicado en más de una ocasión en esta misma plataforma, en España un detective es un profesional de la investigación privada, «cuyas pesquisas tienen como única finalidad proporcionar la mayor cantidad posible de información precisa y que sea de utilidad a su cliente para la toma de decisiones cuando duda sobre cómo encarar un problema que involucre el comportamiento de terceros, se trate de familiares, empleados, etcétera». Y que, en todo caso, los investigadores privados están obligados por ley a guardar reserva sobre las investigaciones que realicen.

Es precisamente este marco legal el que supervisa la relevancia de la tarea del investigador privado. Así, en España, para que un profesional pueda llevar a cabo trabajos propios de detective es obligatorio solicitar la habilitación del Ministerio del Interior y por la Dirección General de la Policía (Ley 5/2014, de 4 de abril, de Seguridad Privada). Además, a partir de dicha legislación, es necesario cursar estudios universitarios durante al menos tres años con el fin de obtener la titulación correspondiente.

También hay que adquirir y mantener al día el denominado Libro de Registro, que debe ser diligenciado por la UCSP. En este documento el detective habrá de inscribir todos los casos en los que trabaje a lo largo de su vida profesional. Y es que el investigador privado es el único profesional que puede realizar este tipo de indagaciones particulares para terceros; ni vigilantes, ni escoltas, ni policías, pues estarían cometiendo un delito de intrusismo tipificado en el artículo 403 del Código Penal.

Así pues, tanto particulares como empresas pueden contratar un detective privado siempre y cuando demuestren un interés legítimo en la investigación que se solicita. Pero… ¿cómo y con qué criterios elegir y contratar un investigador privado? El director general de Fox Consulting aporta algunos puntos de vista a tener en cuenta.

Pautas a tener en cuenta

Teniendo claro que se precisa la ayuda de este profesional, lo importante es llevar a cabo la mejor elección de agencia posible. Preguntar a familiares, amigos y conocidos, proveedores… si han tenido contacto con un investigador privado, y sobre todo si este ha sido fructífero, es vital. Porque en este terreno, la confianza que nos pueda transmitir un cliente satisfecho es la mejor de las recomendaciones a seguir: el famoso boca a boca. Y es necesario también llevar a cabo la comprobación preliminar de que dicho profesional está especializado en el tipo de investigación que se le va a encomendar, ya que no pocos detectives o agencias se especializan en temas empresariales, y no familiares, o viceversa. Aunque si se trata de un profesional ético y de fiar será él mismo quien renuncie en favor de un colega mejor preparado


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Por eso la primera pauta sería buscar la profesionalidad. «Y formalizar la contratación mediante un contrato de prestación de servicios, en el que quede debidamente reflejado el interés del cliente, el objetivo a conseguir y las actuaciones a realizar por el investigador privado. Iniciar una investigación por cuenta propia, o encargársela a cualquiera no preparado ni autorizado para ello solo puede echar todo a perder, y dificultar, cuando no impedir definitivamente la posibilidad de obtener la información deseada».

Para evitar el consabido intrusismo profesional es necesario comprobar que la persona contratada posee la Tarjeta de Identidad Profesional (TIP), un carnet expedido por la Dirección General de la Policía que lo habilita para el desarrollo de sus funciones de detective.

El segundo consejo huir del ‘low-cost’ en este terreno, pues hay que valorar como es debido la información de ámbito personal o empresarial y de carácter sensible o confidencial que el detective tiene como misión aportar. Ponerse en manos de cualquiera para manejar este tipo de asuntos “delicados” es un riesgo innecesario por ahorrarse unos euros. Aquí –como en otros asuntos– la confianza debe primar sobre la cuantía del presupuesto presentado.

La experiencia es un grado

Lo mismo que la experiencia. Cada investigación es distinta, y a menudo más compleja de lo que en principio pudiese parecer. De ahí que lo más práctico sea hacerse con los servicios de un profesional ducho en la materia, y con años de experiencia en el tipo de asunto a investigar. Para que sea capaz de controlar la infinidad de variables que pueden surgir a lo largo de indagación en el caso.

Dado que al final, la obtención de evidencias (grabaciones, fotografías, vídeos, etcétera) resulta fundamentales para poder presentar el caso ante los tribunales con ventaja judicial, es necesario averiguar previamente cómo trabaja la agencia o el detective en cuestión. Como concluye el propio Guillermo Rocha, «en relación con los servicios técnicos, realizamos instalaciones de sistemas ocultos de vigilancia, y ofrecemos todos los medios para ofrecer a nuestros clientes contramedidas para evitar ser vigilados».

Cabría añadir, como último aspecto a tener en cuenta, que una vez elegido el profesional más idóneo, lo inteligente es dejarse asesorar. Por mucho que se tenga una idea preconcebida de cómo se ha de realizar la investigación o bien de la manera en que deben obtenerse las pruebas necesarias, el experto en la material –y quien ya se ha enfrentado en muchas otras ocasiones a caos similares, resueltos a plena satisfacción de la parte contratante– es el detective. «Con paciencia infinita, el experto va a escuchar al cliente desgranar sus argumentos, y va a tener en cuenta sus puntos de vista; aunque quien de verdad conoce las derivaciones legales y las prácticas más adecuadas, que van a conducir a la resolución final del conflicto es el investigador».


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