Grandes eventos y movilidad urbana, el desafío de evitar el colapso de las ciudades

Las grandes competiciones internacionales se han convertido en un banco de pruebas para la planificación urbana y la gestión de la movilidad. Según un análisis elaborado por Arup, firma global especializada en desarrollo sostenible, acontecimientos como el Mundial de Fútbol, los Juegos Olímpicos o la Fórmula 1 obligan a las ciudades anfitrionas a gestionar incrementos masivos de desplazamientos en periodos muy concentrados, poniendo a prueba la capacidad de las infraestructuras y de los sistemas de transporte para mantener el funcionamiento cotidiano sin generar situaciones de congestión.

El reto no consiste únicamente en facilitar la llegada de miles o millones de asistentes a un recinto determinado. La planificación debe garantizar que la actividad cotidiana de residentes, trabajadores y visitantes continúe desarrollándose con la mayor normalidad posible, evitando que la presión sobre la red viaria y el transporte público derive en retrasos o interrupciones del funcionamiento urbano.

Un ejemplo reciente es el pasado Mundial de Fútbol, celebrado en 16 ciudades repartidas entre Estados Unidos, México y Canadá. La previsión de más de cinco millones de visitantes concentrados entre los meses de junio y julio obligó a desarrollar estrategias específicas para gestionar una demanda excepcional de movilidad, energía y servicios urbanos en momentos y ubicaciones muy concretos.

El informe de Arup señala que la planificación de estos eventos evoluciona hacia modelos más integrados, en los que la movilidad se coordina con el urbanismo, la tecnología y los objetivos de sostenibilidad. El propósito ya no es únicamente gestionar los desplazamientos, sino asegurar el funcionamiento global de la ciudad durante los periodos de máxima actividad.

Datos, planificación e infraestructuras para gestionar la demanda

Esta planificación se desarrolla en distintos niveles. Por una parte, se analiza el comportamiento de la movilidad en el conjunto del área metropolitana para conocer el origen de los desplazamientos, los momentos de mayor demanda, la capacidad de las diferentes redes de transporte y el reparto entre los distintos modos de desplazamiento. Paralelamente, también se estudia la denominada «última milla», es decir, la conexión entre estaciones, aparcamientos, lanzaderas y accesos peatonales hasta los recintos donde se celebra el evento.

La utilización de datos se ha convertido en una de las principales herramientas para anticipar problemas y optimizar la gestión. La información procedente del transporte público, el tráfico, los sistemas de venta de entradas, los aforos, los patrones históricos de movilidad o la experiencia de eventos anteriores permite construir modelos predictivos capaces de simular diferentes escenarios antes de que tengan lugar.

Estas simulaciones facilitan la identificación de puntos críticos, la reorganización de recorridos, el refuerzo de determinados servicios y la coordinación entre metro, autobuses, ferrocarril y otras alternativas de movilidad compartida. Durante la celebración del evento, la monitorización en tiempo real permite adaptar la operación ante incidencias, cambios en la demanda o concentraciones imprevistas de personas.

El análisis también subraya que los planes de movilidad deben contemplar que la ciudad continúa funcionando con normalidad durante la celebración de estos acontecimientos. Por ello, la demanda extraordinaria debe convivir con los desplazamientos habituales de residentes, trabajadores y visitantes, preservando la capacidad operativa del sistema de transporte.

Además de la gestión diaria, este tipo de citas suele impulsar inversiones en infraestructuras y soluciones tecnológicas con vocación de permanencia. La modernización de redes de transporte, la implantación de herramientas digitales de gestión o la mejora de la accesibilidad forman parte del legado que muchas ciudades buscan consolidar una vez finalizado el evento.

En este sentido, Arup pone como ejemplo la llegada de la Fórmula 1 a Madrid en 2026. El nuevo circuito urbano prevé que alrededor del 90 % de los asistentes acceda mediante transporte público, con el objetivo de reducir la presión sobre la red viaria y minimizar el impacto ambiental.

Aitor Eriz, Senior Mobility Consultant de Arup en España, resume este enfoque al señalar que “el reto ya no es solo mover personas, sino diseñar ciudades capaces de responder a situaciones de alta complejidad sin perder su funcionalidad”. El experto añade que estos eventos permiten “testar soluciones que posteriormente pueden aplicarse en la gestión cotidiana”, contribuyendo a mejorar la eficiencia, la conectividad y la resiliencia de las ciudades a largo plazo.