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«Resolver un conflicto sin perecer en el intento», Jorge Miralles #frentealespejo

Puedo ponerme en los zapatos de empresarios y directivos que tienen un conflicto. Me es muy fácil. Durante muchos años he estado dirigiendo proyectos empresariales y sé de qué estamos hablando.

Si me preguntasen en qué empleaba una parte importante de mi tiempo, en aquella época, contestaría sin dudar: en “intentar” resolver conflictos. Hay estudios que confirman que un porcentaje importante del tiempo de los ejecutivos de empresa lo emplean en la gestión de conflictos.

Es verdad, como es lógico, que no era mi única actividad. Pero si hablamos de relaciones con socios, colaboradores, clientes, proveedores… y no digamos ya con bancos, en muchas ocasiones se trataba de resolver un desacuerdo. A veces, era ya parte de la disputa, y otras me tocaba estar en medio.

¿Y cómo las resolvía? Gracias a una cierta actitud conciliadora, y mucha negociación. Pero como no podía ser de otra manera, no siempre –y a pesar mío– lo conseguía. ¿Y entonces? Pues gran parte de esas ocasiones, lo que suele suceder en estos casos: pleito al canto.

Recuerdo uno de los casos, porque me afectó mucho personalmente. Un conflicto que tuvimos con un socio, en una de las compañías. El motivo del desacuerdo venía de hacía tiempo, por diferencias en los criterios de retribución entre nosotros, los socios. Y la cosa se complicó hasta el punto de que pasamos la disputa a manos de nuestros abogados, que intentaron una negociación.

«Tomar la vía judicial lleva a una situación de ‘no retorno’ en la relación societaria»

Pero el conflicto había escalado tanto que no consiguieron solucionarlo, y al final acabamos en los tribunales. Es verdad que, en ese caso, por fortuna lo ganamos; pero también tengo que reconocer que perdimos un socio importante para la marcha de la compañía.

Tomar la vía judicial nos había llevado a una situación de ‘no retorno’ en nuestra relación societaria. Perdimos un socio que profesionalmente era muy válido, el procedimiento judicial fue costoso y reemplazarlo dentro de la empresa fue un quebradero de cabeza.

Recuerdo que, en esa situación, como en otras muchas similares que he vivido profesionalmente, eché en falta un sistema alternativo a la vía judicial. Una fórmula que evitara una ruptura irremediable, cuando no fuese ese el objetivo.

Si en esa ocasión hubiera conocido la posibilidad de acudir a una mediación, posiblemente hubiéramos podido resolver el desacuerdo en bastante menos tiempo, con un coste sensiblemente inferior de abogados y procuradores, y con un menor desgaste personal.

«La mediación ahorra tiempo, reduce costes y disminuye el desgaste personal»

El valor añadido que aportamos desde Acordia Mediación como mediadores profesionales, además de nuestra técnica y experiencia en la resolución de disputas, es nuestra posición independiente y neutral ante las partes.

Algo que resulta imprescindible para desbloquear cualquier conflicto. El mejor negociador, sea letrado o no, se puede encontrar ante una situación sin salida. Prueba de ello, la cantidad de litigios que soporta nuestro sistema judicial.

Las partes en conflicto no pueden abandonar su posición, ni dejar de defender los intereses que representan, pero sí pueden recurrir a un mediador profesional que ayude a encontrar el punto de acuerdo, antes de iniciar la temida vía judicial.


Jorge Miralles está inscrito en Registro de Mediadores del Ministerio de Justicia, es miembro del Instituto de Mediación Mercantil del Colegio de Economistas, y es socio cofundador de Acordia Mediación.