Calçots en La Txitxarrería: no sabes lo que te pierdes

calçots

Si eres de los pocos que aún no te has pasado por La Txitxarrería, a probar los deliciosos calçots recogidos en su huerta de Quijorna, lo dicho: no sabes lo que te estás perdiendo. Un auténtico manjar que, preparado como es debido en el restaurante pozueleño, procede degustar con sus ricos caldos y algún segundo plato a elegir, de los muchos y sabrosos de su carta.

Calçot es una palabra del catalán (en castellano también conocidos como calsots), con la que se denomina a una variedad de cebollas tiernas poco bulbosas. Son habituales en el interior de Cataluña, aunque especialmente en toda la zona occidental, correspondiente a las tierras del Ebro y la comarca del Alto Campo, y es el plato más emblemático de la población de Valls (Tarragona).

Se trata sin duda de uno de los platos típicos de la gastronomía catalana. Y son muy consumido a finales de invierno, acompañado de la clásica salsa romesco o salvitxada, y completando con un segundo plato compuesto por carnes y butifarras típicas.

Origen del nombre

Calçot viene del hecho de que, en su cultivo, se amontona tierra sobre los brotes que crecen de la cebolla inicial («calçar la terra sobre la planta»). Esto se hace para conseguir un tallo blanco de unos 20 a 25 cm.

Una de las versiones más comúnmente aceptadas afirma que se debe su descubrimiento a Xat de Benaiges, un campesino de finales del siglo XIX de la zona de Valls (Provincia de Tarragona). Este, por descuido, preparó a la brasa unas «cebollas» que sobrecalentó. Se quemaron todas por la parte exterior y, en lugar de tirarlas, peló las capas más externas quemadas, descubriendo que su interior estaba muy tierno y sabroso.


calçots


Se consumen los tallos jóvenes y se puede hacer entre el final del invierno y principios de la primavera. El calçot forma la base de las populares calçotades que se celebran en Cataluña, que se han convertido en una fiesta en la que se consumen asados preferiblemente con «redoltes de ceps» (sarmientos) y tienen que hacerse sobre la llama viva, no hay que esperar a que se haga brasa que es como se asaría la carne.

Pelando capas

Una vez hechos, cuando las capas exteriores están negras, entreabiertas y echan una especie de espumita, se envuelven en grupos de 25 aproximadamente en varias hojas de papel de periódico y se dejan como mínimo una media hora para que acaben de cocerse con su propio calor. Se comen pelando las capas exteriores y untando el calçot acompañados de una salsa denominada salvitxada o también con salsa de romesco.

Una vez consumidos los calçots y tras lavarse las manos (quedan completamente ennegrecidas), se come carne y butifarras asadas sobre las brasas que quedan después de prepararlos, todo ello regado con vino o con cava de la cuidada bodega de La Txitxarrería. Sus propiedades nutritivas son iguales a las de la cebolla. Es decir, que tiene un amplio contenido de vitaminas y minerales. Además, se le atribuyen propiedades diuréticas, tonificantes, digestivas y afrodisíacas.

Calçots recién cosechados

Según nos explican en la huerta de Quijorna, que dsurte de delicias vegetales a La Txitxarrería, se obtienen los bulbos a partir de la siembra de semillas, que se plantan a finales de invierno. Se trasplantan los cebollinos en primavera y se recogen los bulbos en verano. A mediados de septiembre se pueden plantar los bulbos en tierra y según crecen se van calzando; es decir, cubriendo con tierra para que queden blancos.

El cultivo del calçot es habitual en las comarcas de la provincia de Tarragona próximas al mar y con inviernos suaves. Aunque también se cultiva en el interior, en zonas que no tengan fuertes heladas. Estos se recogen un poco más tarde que los calçots del litoral.


Si te está apeteciendo pasarte a probar los calçots de La Txitxarrería, puedes consultar el resto de su carta en su web, y hacer la correspondiente reserva en el teléfono 913 529 994 o a través del correo electrónico.